Capitulo único: un amor que no fue
(Emmett P.O.V)
Si tuviera que elegir un mejor lugar para pasar mis vacaciones escogería la península de Olympic, y si tuviera que elegir el mejor bar para ver lindas chicas y beber buenos tragos elegiría el Eclipse.
En el Eclipse habían muchas historia para contar, como la mía con la mesera, la bella y sensual Rosalie, de cabellera rubia, labios carmesí y ojos azules como el océano, también estaba el dueño del bar, Jasper Whitlock, embrujado por los singulares encantos de su mejor clienta, Alice Brandon, que siempre venia a la misma hora a beber jugos de frutas tropicales; pero si había una historia interesante era la de Bella Swan, la estrella del lugar, una muchacha de estatura promedio, piel blanca como la nieve y cabello castaño que bailaba todas las noches diversos ritmos latinos sobre el escenario usando un vestido corto que dejaba toda su espalda expuesta y plumas en su cabello.
Bella convocaba cada noche a un diverso público, las mujeres la miraban con envidia y los hombres con admiración, pero entre ellos estaba Edward, el chico que por las noches atendía el bar y de día estudiaba medicina. Edward Cullen todas las noches la miraba desde lejos mientras ella bailaba para él y soñaba con que algún día sus bailes pudieran traspasar las paredes del Eclipse y ella pudiera ser famosa.
Eran jóvenes y así se amaban, cada noche ella bailaba sensualmente sobre la mesa del bar, le robaba un beso a Edward como parte del espectáculo y volvía al escenario a hacer lo suyo; era por aquella pasión de ambos jóvenes que el Eclipse era reconocido, era por eso que todo el mundo venia, porque en el Eclipse nacía el amor.
Un día atraído por las luces de la ciudad y por su excitante vida nocturna había llegado el hombre más rico del país, Jacob Black; había entrado con guardaespaldas al bar y desde mi silla podía verlo a él; le había pedido un trago a Rosalie y le había dado una generosa propina, estuve a punto de ir a pegarle un puñetazo pero el lobo se había serenado, Bella había salido al escenario y había comenzado a bailar, se había bajado y como todas las noches había pasado junto a Edward, le había robado un beso en un breve coqueteo para luego seguir deslumbrando a los demás asistentes al bar con su baile.
Cuando ella finalizó el tipo que lucía un reloj de diamantes la invitó a un trago, Jacob Black aparte de ser rico era poderoso así que no convenía hacerlo enojar, Jasper le hizo una seña a la chica para que fuera a sentarse con él, fue un whisky para el millonario y un jugo de fresas para ella, esta vez el hombre no gastó energías en tratar de seducir a Rosalie, estaba ebrio y lo único que tenía en mente era llevarse a Bella a su casa, estaba comenzando a acosarla, se podía ver en el rostro de la muchacha, cuando una de sus manos iba a parar a un lugar indebido fue que Edward dominado por los celos saltó la mesada del bar y fue a increpar a Black.
Edward era un joven muy fuerte, le atizó sus puños en la cara con suma facilidad; Bella estaba histérica tratando de separarlos, cuando el puño de Jacob Black fue a dar por error al frágil rostro de Bella fue que yo la aparté y me la llevé a un rincón, lo que nadie pudo predecir fue que Jacob encolerizado le había sacado la pistola a uno de sus guardaespaldas; Bella sin querer ver el desenlace escondió su cabeza en mi pecho, se escuchaban forcejeos y luego un disparo, nadie sabía quién le había disparado a quien; Bella se liberó de la prisión de mis brazos y fue corriendo al lugar de la pelea, fueron sus gritos desesperados los que anunciaron al perdedor; fui a donde se encontraba ella, le estaba pegando en el pecho a Jacob Black, gritándole asesino y un sinfín de adjetivos descalificativos. En una esquina Jasper llamaba a la policía mientras que Bella, la bailarina, lloraba sobre el pecho ensangrentado de Edward, el que fue su amor.
Luego de la muerte del muchacho que preparaba los tragos el bar fue cerrado y vendido por su dueño, nunca más volví a ver a Rosalie, la ciudad perdió su brillo transformándose en otro pueblucho insignificante más, mientras que Bella se paseaba por la costa vestida de negro llorando la muerte de su Edward. Jacob Black ni siquiera pasó la noche en prisión, al parecer cuando eres rico e influyente tus crímenes quedan impunes.
Su nombre es Bella, y era bailarina, bailaba con un vestido corto y plumas en el cabello hace mucho tiempo atrás, ahora el Eclipse es un antro para jóvenes que bailan aquella música ruidosa, ahora Bella se sienta en la barra, bebe sin importarle nada y mira a todos con frialdad. Ella perdió su juventud, perdió a su Edward, perdió la razón; Bella en el Eclipse, el bar más famoso de la península de Olympic perdió el amor.
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sábado, 2 de octubre de 2010
domingo, 27 de junio de 2010
un 11 de marzo
Las mariposas inexistentes de su estomago revolotearon mientras el tren de las siete de la mañana paraba en la estación a la espera de que los pasajeros subieran o bajaran.
Aferro su bolso con fuerza, mientras sentía sus mejillas colorarse sin razón aparente. Sin embargo ella sabía perfectamente que existía una razón, una razón con ojos esmeralda y todos los atributos necesarios para ser comparado con un perfecto Dios griego.
Respiro profundamente en un vano intento de controlarse, mientras sus pies la dirigían al mismo asiento que tomaba desde semanas atrás, cuando tuvo que llegar antes a su trabajo y visualizo su figura. Aun no sabía si agradecer o maldecir ese día, el día en que su corazón vibro de emoción con tan solo verlo. Sin darse cuenta analizo cada uno de sus gestos; desde su mirada inexpresiva siempre hacia el frente, hasta su elegante pose, grabándolos con fuego en su memoria.
Como siempre, ese día ocupo el asiento que estaba justo al frente del suyo, un pequeño suspiro escapo de sus labios, mientras observaba su reflejo en la ventana. Frustrada tomo un mechón de su "aburrido, lacio y castaño" cabello y lo coloco detrás de su oreja. Tal vez si fuese más linda, si su rostro no fuese tan pálido y sus facciones tan simplonas, se atrevería a hablarle, a pregúntale su nombre, a donde iba o incluso se conformaba con preguntarle sobre la hora con tal de conocer su voz, pero no. Ella era simplemente ella, solamente Isabella Swan.
– Si tan solo fuera rubia – soltó en un murmuro evocando la imagen de su hermosa prima Rosalie.
Si fuera más guapa y un poco más lista
Si fuera especial, si fuera de revista
Tendría el valor, de cruzar el vagón
Y preguntarte quien eres.
Rosalie sin duda no tendría problemas con eso, su mera presencia en ese vagón haría que todos los varones voltearan admirando su belleza. Pero a ella no, a pesar de que de lunes a viernes se esmeraba en estar lo más linda posible para él, ni siquiera ganaba una mirada de su parte.
Hoy era uno de esos días, los días en que le ponía mayor empeño a su apariencia, cosa que nunca había hecho, solo se conformaba con estar presentable y cómoda, nada de atraer a los hombres, por muchos regaños y pelear que esto le causará con su mejor amiga Alice. Pero ahora todo era diferente, por el se levantaba más temprano con el fin de verlo, tardaba en peinarse el triple del tiempo que usualmente le dedicaba a su cabello y ni hablar del dilema diario del que ponerse. Por el llevaba esa falda que había jurado nunca usar hasta el cansancio. Por el usaba esa incomoda capa de rímel en sus pestañas. Por el llevaba esa ajustada blusa, que a pesar de no mostrar nada, se ceñía como un guante a la parte superior de su cuerpo. Todo por él.
Te sientas enfrente
Y ni te imaginas,
Que llevo por ti mi falda más bonita,
Y al verte lanzar un bostezo al cristal
Se inundan mis pupilas.
"Insignificante" se decía, pero como no sentirse a sí, sí a unos cuantos metros tenia a la perfección encarnada, a pesar de lo estudio atentamente durante semanas no le encontró defecto alguno. "Simplemente perfecto", demasiado para ella, más incluso de lo que le estaba permitido soñar.
Pero aun así, no podía negarse el placer de verlo todas las mañanas enfundado en ese elegante traje y con un café en la mano que sorbía en pequeños tragos, tal como ella deseaba que sorbiera su alma en un beso.
Sus mejillas se tiñeron intensamente ante semejantes pensamientos. Como era posible que un hombre que ni siquiera conocía despertara sentimientos dormidos en ella, que ni siquiera sus antiguos novios habían conseguido.
- Ni Jacob ni James tenían un cuerpo y rostro tan espectacular – se dijo a sí misma – Ese hombre podría convertir en una depredadora sexual hasta a una monja – Ahogo una pequeña risita ante su comentario.
De pronto me miras
Sus mejillas automáticamente se sonrojaron, cuando su mirada choco con la penetrante mirada esmeralda del ladrón de sus suspiros.
Te miro y suspiras
Era casi hipnótico, su mirada la atraía como las abejas a la miel. Era tan poderosa que sentía que llamaba cada fibra de su cuerpo, cada rincón de su alma.
Cerró los ojos, encontrando así la única escapatoria de esa poderosa atracción, sintiéndose mareada al darse cuenta de que por varios segundos olvido respirar.
Yo cierro los ojos
Armándose de un valor que no creía tener en el momento, abrió los ojos lentamente, solo para ver de nuevo su perfil inexpresivo ver hacia el frente.
Tú apartas la vista
- 1, 2,3, vamos Bella, recuerda como respirar, 3, 2,1 – inhalaba y exhalaba pausadamente con el fin de acostumbrar a sus pulmones a recibir oxigeno de nuevo.
Apenas respiro
- Debo verme como una estúpida – se dijo al notar que el sonrojo aun no disminuía. Sin embargo, su mente evoco la potente mirada del hombre de sus sueños y sintió su cuerpo vibrar de emoción.
Me hago pequeñita
Y me pongo a temblar
Una estación mas y llegaría a su destino, este era el momento más doloroso de su día, cuando bajaba del tren con el corazón latiendo furiosamente y todo su cuerpo clamando por estar cerca de él. Siempre con el miedo de tal vez no volverlo a ver.
Siempre era la misma rutina, de lunes a viernes rezaba por volverlo a ver una vez más, animándose siempre a que algún milagro ocurriría y se atrevería a hablarle, pero no. Todos los días bajaba acobardada ante tanta belleza.
Y así pasan los días, de lunes a viernes
Como las golondrinas del poema de Becker
De estación a estación de frente tu y yo
Ahí viene el silencio.
El repique de un teléfono retumba por todo el vagón. El "Dios Griego" como lo ha nombrado ella, se mueve en su asiento y saca un pequeño artefacto plateado.
- Edward Cullen – responde con voz profunda y ella siente sus rodillas temblar. Una voz perfecta para un ser perfecto. Su voz sigue inundando el vagón, mientras ella sigue perdida escuchando cada una de sus palabras, sintiéndolas hacer eco en su corazón.
El hombre cuelga el teléfono y ocurre lo que jamás creyó ser capaz.
Y entonces ocurre
Despiertan mis labios
Pronuncian tu nombre tartamudeando
- Ed.. Edward – susurra sin darse cuenta siquiera de que sus labios cobraron vida – Edward Cullen –
Su rostro gira hacia la castaña con el asombro impreso en su rostro. Sus ojos chocolate se humedecen a causa de la vergüenza y siente su cara arder.
Supongo que piensas que chica más tonta
Y me quiero morir
En ese momento desea tanto desaparecer de la faz de la tierra, un par de lagrimas escapa y sus labios tiemblan si control a causa de la cobardía. Jamás creyó tener el valor de hablarle, de mirarlo directamente siquiera, sin embargo, sus labios acababan de traicionarla.
Pero el tiempo se para
Algo llama su atención y no puede evitar levantar la mirada, algo moviéndose, acercándose a ella.
Sus ojos no pueden creer lo que ven, y literalmente su corazón dejo de latir a causa de la impresión.
El hombre que durante tanto tiempo admiro en silencio está a solo un paso, enfocando sus penetrantes ojos verdes en ella.
Una sonrisa torcida baila en sus labios deslumbrándola, dejándola totalmente aturdida y perdida.
Y te acercas diciendo
– ¿Puedo sentarme? – Su varonil voz inunda cada rincón del vagón.
Su respiración se vuelve irregular, y con las manos temblando retira su bolso que ocupaba el asiento de al lado, mientras asiente torpemente con la cabeza.
El, con un gesto galante se coloca a su lado observándola fijamente, atravesándola con su potente mirar.
– Es injusto – dice mientras suelta una pequeña sonrisa – Llevo tanto tiempo abordando este tren con el fin de conocerte, pero nunca me atreví, ahora tu sabes mi nombre, pero yo no sé el tuyo –
Ella lo mira fijamente, esto era irreal. Era imposible lo que sus oídos escuchaban, seguramente despertaría y se daría cuenta de que esto solo era un doloroso sueño.
Yo no te conozco y ya te echaba de menos
– Todas las mañanas tomo este tren con el fin de verte una vez más, ni siquiera me deja cerca de mi trabajo – continua ante el silencio de la castaña – Demonios, nunca me había puesto tan nervioso al hablarle a una dama.
Cada mañana rechazo el directo y elijo este tren
– Debo estarte incomodando, discúlpame – hizo el intento de levantarse, sin embargo una melodiosa voz la detuvo.
– Isabella, Isabella Swan – sus mejillas sonrosadas le parecieron realmente encantadoras – Y también tomo este tren con el fin de verte – su rubor se encendió aun más.
Su sonrisa torcida relampagueo con más intensidad en sus labios, dejándola sin aliento.
Y ya estamos llegando
Mi vida a cambia
– No puedo creerlo, cuánto tiempo he dejado escapar por inseguridad – se permitió acercarse unos milímetros más a la castaña – Tanto tiempo que pude aprovechar para conocerte –
Sus ojos brillaban de emoción, las mariposas de su estomago revoloteaban sin cesar y sentía su corazón a punto de explotar a causa de la emoción. Nunca se borraría de su memoria, ese hermoso y especial Jueves 11 De Marzo.
Un día especial este 11 de marzo
Las carcajadas de un bebé ante los mimos de su pequeña hermana, asientos atrás, transmiten una felicidad que los embarga por completo.
– Bueno Isabella Swan – tomo su mano y la llevo a sus labios para besarla caballerosamente – Un verdadero placer –
Me tomas la mano llegamos a un túnel
– Solo Bella – susurra sin pensar, y al instante su rostro se torna rojo – Mis, mis amigos me llaman Bella –
– No existe nombre más perfecto para usted mi hermosa dama – Su corazón hace lo que creyó imposible, acelero sus palpitaciones.
Que apaga la luz
Un extraño sonido inunda el lugar, seguido de un fuerte sacudimiento. Ambos tratan de sostenerse de sus asientos, sin embargo los movimientos del vagón son demasiado bruscos y no cumplen con su objetivo.
Ella no sabe ni donde se encuentra el piso, el tren parece girar y antes de poder agarrarse de algo su cabeza impacta fuertemente contra una de las ventanas.
Todo acaba. No sabe si segundos, días o semanas después de que comenzó. Solo sabe que el dolor de su cabeza es insoportable y varias partes del cuerpo le punzan dolorosamente.
Un silencio mortal inunda el lugar. Ya no se escuchan risas de bebes, ni mimos de pequeñas niñas, no gritos, no llanto… nada.
Se arrastra lentamente por entre los escombros de lo que antes era el vagón, hasta que da con él. Su pierna parece estar atascada entre las ruinas y varias partes de su cuerpo sangran.
– Edward – lo llama sin voz
Te encuentro la cara
gracias a mi manos
A pesar de que su voz fue débil, el abrió los ojos al instante. La observo detenidamente, recorrieron su rostro ensangrentado y la herida de su frente que no dejaba de sangrar.
– Oh Dios mío – dijo mientras veía a su alrededor, para volver a fijar su vista en ella – Resiste – grito con desesperación mientras veía como poco a poco la castaña perdía fuerzas.
El valor se apodera de ella, sus manos temblorosas se dirigieron a su rostro, se inclino vacilante y acaricio sus labios con los de él.
Me vuelvo valiente
y te beso en los labios
El dolor cada vez se hace más insoportable, su cabeza parece querer estallar y los latidos de su corazón son cada vez más débiles.
– No me dejes por favor – suplica el – por favor Bella no me dejes, te quiero, más de lo que creí, más de lo que imagine sentir por una mujer, eres el amor de mi vida, aquel que durante tanto tiempo he buscado – lagrimas acarician el rostro de ambos – no me abandones por favor –
Dices que me quieres
– Lo siento, realmente lo siento – dos gruesas lagrimas escapan por última vez de sus ojos – también te quiero –
Y yo te regalo el último soplo de mi corazón
.
.
.
5 años han pasado ya, sin embargo el lo recuerda día a día. Aun tiene el dolor a flor de piel y mil y un veces reniega haber sido uno de los sobrevivientes. Todas las noches revive ese hermoso pero fatídico 11 De Marzo, en el que conoció y perdió, al que sería el amor de su existencia.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Dedicado a todas aquellas personas; hombres, mujeres, niños, amigos, esposos, amantes, confidentes, hermanos, padres, hijos. Seres humanos con sueños, anhelos y un mañana por el cual vivir y que injustamente perdieron la vida aquel fatídico Jueves 11 de Marzo.
Aferro su bolso con fuerza, mientras sentía sus mejillas colorarse sin razón aparente. Sin embargo ella sabía perfectamente que existía una razón, una razón con ojos esmeralda y todos los atributos necesarios para ser comparado con un perfecto Dios griego.
Respiro profundamente en un vano intento de controlarse, mientras sus pies la dirigían al mismo asiento que tomaba desde semanas atrás, cuando tuvo que llegar antes a su trabajo y visualizo su figura. Aun no sabía si agradecer o maldecir ese día, el día en que su corazón vibro de emoción con tan solo verlo. Sin darse cuenta analizo cada uno de sus gestos; desde su mirada inexpresiva siempre hacia el frente, hasta su elegante pose, grabándolos con fuego en su memoria.
Como siempre, ese día ocupo el asiento que estaba justo al frente del suyo, un pequeño suspiro escapo de sus labios, mientras observaba su reflejo en la ventana. Frustrada tomo un mechón de su "aburrido, lacio y castaño" cabello y lo coloco detrás de su oreja. Tal vez si fuese más linda, si su rostro no fuese tan pálido y sus facciones tan simplonas, se atrevería a hablarle, a pregúntale su nombre, a donde iba o incluso se conformaba con preguntarle sobre la hora con tal de conocer su voz, pero no. Ella era simplemente ella, solamente Isabella Swan.
– Si tan solo fuera rubia – soltó en un murmuro evocando la imagen de su hermosa prima Rosalie.
Si fuera más guapa y un poco más lista
Si fuera especial, si fuera de revista
Tendría el valor, de cruzar el vagón
Y preguntarte quien eres.
Rosalie sin duda no tendría problemas con eso, su mera presencia en ese vagón haría que todos los varones voltearan admirando su belleza. Pero a ella no, a pesar de que de lunes a viernes se esmeraba en estar lo más linda posible para él, ni siquiera ganaba una mirada de su parte.
Hoy era uno de esos días, los días en que le ponía mayor empeño a su apariencia, cosa que nunca había hecho, solo se conformaba con estar presentable y cómoda, nada de atraer a los hombres, por muchos regaños y pelear que esto le causará con su mejor amiga Alice. Pero ahora todo era diferente, por el se levantaba más temprano con el fin de verlo, tardaba en peinarse el triple del tiempo que usualmente le dedicaba a su cabello y ni hablar del dilema diario del que ponerse. Por el llevaba esa falda que había jurado nunca usar hasta el cansancio. Por el usaba esa incomoda capa de rímel en sus pestañas. Por el llevaba esa ajustada blusa, que a pesar de no mostrar nada, se ceñía como un guante a la parte superior de su cuerpo. Todo por él.
Te sientas enfrente
Y ni te imaginas,
Que llevo por ti mi falda más bonita,
Y al verte lanzar un bostezo al cristal
Se inundan mis pupilas.
"Insignificante" se decía, pero como no sentirse a sí, sí a unos cuantos metros tenia a la perfección encarnada, a pesar de lo estudio atentamente durante semanas no le encontró defecto alguno. "Simplemente perfecto", demasiado para ella, más incluso de lo que le estaba permitido soñar.
Pero aun así, no podía negarse el placer de verlo todas las mañanas enfundado en ese elegante traje y con un café en la mano que sorbía en pequeños tragos, tal como ella deseaba que sorbiera su alma en un beso.
Sus mejillas se tiñeron intensamente ante semejantes pensamientos. Como era posible que un hombre que ni siquiera conocía despertara sentimientos dormidos en ella, que ni siquiera sus antiguos novios habían conseguido.
- Ni Jacob ni James tenían un cuerpo y rostro tan espectacular – se dijo a sí misma – Ese hombre podría convertir en una depredadora sexual hasta a una monja – Ahogo una pequeña risita ante su comentario.
De pronto me miras
Sus mejillas automáticamente se sonrojaron, cuando su mirada choco con la penetrante mirada esmeralda del ladrón de sus suspiros.
Te miro y suspiras
Era casi hipnótico, su mirada la atraía como las abejas a la miel. Era tan poderosa que sentía que llamaba cada fibra de su cuerpo, cada rincón de su alma.
Cerró los ojos, encontrando así la única escapatoria de esa poderosa atracción, sintiéndose mareada al darse cuenta de que por varios segundos olvido respirar.
Yo cierro los ojos
Armándose de un valor que no creía tener en el momento, abrió los ojos lentamente, solo para ver de nuevo su perfil inexpresivo ver hacia el frente.
Tú apartas la vista
- 1, 2,3, vamos Bella, recuerda como respirar, 3, 2,1 – inhalaba y exhalaba pausadamente con el fin de acostumbrar a sus pulmones a recibir oxigeno de nuevo.
Apenas respiro
- Debo verme como una estúpida – se dijo al notar que el sonrojo aun no disminuía. Sin embargo, su mente evoco la potente mirada del hombre de sus sueños y sintió su cuerpo vibrar de emoción.
Me hago pequeñita
Y me pongo a temblar
Una estación mas y llegaría a su destino, este era el momento más doloroso de su día, cuando bajaba del tren con el corazón latiendo furiosamente y todo su cuerpo clamando por estar cerca de él. Siempre con el miedo de tal vez no volverlo a ver.
Siempre era la misma rutina, de lunes a viernes rezaba por volverlo a ver una vez más, animándose siempre a que algún milagro ocurriría y se atrevería a hablarle, pero no. Todos los días bajaba acobardada ante tanta belleza.
Y así pasan los días, de lunes a viernes
Como las golondrinas del poema de Becker
De estación a estación de frente tu y yo
Ahí viene el silencio.
El repique de un teléfono retumba por todo el vagón. El "Dios Griego" como lo ha nombrado ella, se mueve en su asiento y saca un pequeño artefacto plateado.
- Edward Cullen – responde con voz profunda y ella siente sus rodillas temblar. Una voz perfecta para un ser perfecto. Su voz sigue inundando el vagón, mientras ella sigue perdida escuchando cada una de sus palabras, sintiéndolas hacer eco en su corazón.
El hombre cuelga el teléfono y ocurre lo que jamás creyó ser capaz.
Y entonces ocurre
Despiertan mis labios
Pronuncian tu nombre tartamudeando
- Ed.. Edward – susurra sin darse cuenta siquiera de que sus labios cobraron vida – Edward Cullen –
Su rostro gira hacia la castaña con el asombro impreso en su rostro. Sus ojos chocolate se humedecen a causa de la vergüenza y siente su cara arder.
Supongo que piensas que chica más tonta
Y me quiero morir
En ese momento desea tanto desaparecer de la faz de la tierra, un par de lagrimas escapa y sus labios tiemblan si control a causa de la cobardía. Jamás creyó tener el valor de hablarle, de mirarlo directamente siquiera, sin embargo, sus labios acababan de traicionarla.
Pero el tiempo se para
Algo llama su atención y no puede evitar levantar la mirada, algo moviéndose, acercándose a ella.
Sus ojos no pueden creer lo que ven, y literalmente su corazón dejo de latir a causa de la impresión.
El hombre que durante tanto tiempo admiro en silencio está a solo un paso, enfocando sus penetrantes ojos verdes en ella.
Una sonrisa torcida baila en sus labios deslumbrándola, dejándola totalmente aturdida y perdida.
Y te acercas diciendo
– ¿Puedo sentarme? – Su varonil voz inunda cada rincón del vagón.
Su respiración se vuelve irregular, y con las manos temblando retira su bolso que ocupaba el asiento de al lado, mientras asiente torpemente con la cabeza.
El, con un gesto galante se coloca a su lado observándola fijamente, atravesándola con su potente mirar.
– Es injusto – dice mientras suelta una pequeña sonrisa – Llevo tanto tiempo abordando este tren con el fin de conocerte, pero nunca me atreví, ahora tu sabes mi nombre, pero yo no sé el tuyo –
Ella lo mira fijamente, esto era irreal. Era imposible lo que sus oídos escuchaban, seguramente despertaría y se daría cuenta de que esto solo era un doloroso sueño.
Yo no te conozco y ya te echaba de menos
– Todas las mañanas tomo este tren con el fin de verte una vez más, ni siquiera me deja cerca de mi trabajo – continua ante el silencio de la castaña – Demonios, nunca me había puesto tan nervioso al hablarle a una dama.
Cada mañana rechazo el directo y elijo este tren
– Debo estarte incomodando, discúlpame – hizo el intento de levantarse, sin embargo una melodiosa voz la detuvo.
– Isabella, Isabella Swan – sus mejillas sonrosadas le parecieron realmente encantadoras – Y también tomo este tren con el fin de verte – su rubor se encendió aun más.
Su sonrisa torcida relampagueo con más intensidad en sus labios, dejándola sin aliento.
Y ya estamos llegando
Mi vida a cambia
– No puedo creerlo, cuánto tiempo he dejado escapar por inseguridad – se permitió acercarse unos milímetros más a la castaña – Tanto tiempo que pude aprovechar para conocerte –
Sus ojos brillaban de emoción, las mariposas de su estomago revoloteaban sin cesar y sentía su corazón a punto de explotar a causa de la emoción. Nunca se borraría de su memoria, ese hermoso y especial Jueves 11 De Marzo.
Un día especial este 11 de marzo
Las carcajadas de un bebé ante los mimos de su pequeña hermana, asientos atrás, transmiten una felicidad que los embarga por completo.
– Bueno Isabella Swan – tomo su mano y la llevo a sus labios para besarla caballerosamente – Un verdadero placer –
Me tomas la mano llegamos a un túnel
– Solo Bella – susurra sin pensar, y al instante su rostro se torna rojo – Mis, mis amigos me llaman Bella –
– No existe nombre más perfecto para usted mi hermosa dama – Su corazón hace lo que creyó imposible, acelero sus palpitaciones.
Que apaga la luz
Un extraño sonido inunda el lugar, seguido de un fuerte sacudimiento. Ambos tratan de sostenerse de sus asientos, sin embargo los movimientos del vagón son demasiado bruscos y no cumplen con su objetivo.
Ella no sabe ni donde se encuentra el piso, el tren parece girar y antes de poder agarrarse de algo su cabeza impacta fuertemente contra una de las ventanas.
Todo acaba. No sabe si segundos, días o semanas después de que comenzó. Solo sabe que el dolor de su cabeza es insoportable y varias partes del cuerpo le punzan dolorosamente.
Un silencio mortal inunda el lugar. Ya no se escuchan risas de bebes, ni mimos de pequeñas niñas, no gritos, no llanto… nada.
Se arrastra lentamente por entre los escombros de lo que antes era el vagón, hasta que da con él. Su pierna parece estar atascada entre las ruinas y varias partes de su cuerpo sangran.
– Edward – lo llama sin voz
Te encuentro la cara
gracias a mi manos
A pesar de que su voz fue débil, el abrió los ojos al instante. La observo detenidamente, recorrieron su rostro ensangrentado y la herida de su frente que no dejaba de sangrar.
– Oh Dios mío – dijo mientras veía a su alrededor, para volver a fijar su vista en ella – Resiste – grito con desesperación mientras veía como poco a poco la castaña perdía fuerzas.
El valor se apodera de ella, sus manos temblorosas se dirigieron a su rostro, se inclino vacilante y acaricio sus labios con los de él.
Me vuelvo valiente
y te beso en los labios
El dolor cada vez se hace más insoportable, su cabeza parece querer estallar y los latidos de su corazón son cada vez más débiles.
– No me dejes por favor – suplica el – por favor Bella no me dejes, te quiero, más de lo que creí, más de lo que imagine sentir por una mujer, eres el amor de mi vida, aquel que durante tanto tiempo he buscado – lagrimas acarician el rostro de ambos – no me abandones por favor –
Dices que me quieres
– Lo siento, realmente lo siento – dos gruesas lagrimas escapan por última vez de sus ojos – también te quiero –
Y yo te regalo el último soplo de mi corazón
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5 años han pasado ya, sin embargo el lo recuerda día a día. Aun tiene el dolor a flor de piel y mil y un veces reniega haber sido uno de los sobrevivientes. Todas las noches revive ese hermoso pero fatídico 11 De Marzo, en el que conoció y perdió, al que sería el amor de su existencia.
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Dedicado a todas aquellas personas; hombres, mujeres, niños, amigos, esposos, amantes, confidentes, hermanos, padres, hijos. Seres humanos con sueños, anhelos y un mañana por el cual vivir y que injustamente perdieron la vida aquel fatídico Jueves 11 de Marzo.
They fight, Paris falls down
El la veía. Abrazada a ese chupasangre. Diciendo su nombre en sueños. Sueños perfectos, seguramente. Desde el alfeizar de la ventana la contemplaba. Era bella. Pero era su Bella. Ella no le pertenecía, ni sus gritos, ni su llanto, ni sus sonrisas. Lo único que tenía era un pequeña parte de su cariño.
Pero ella la había hechizado. Sus ojos, su voz, todo de ella lo atraían cada vez más. Realmente no podría decirse que era amor. Era casi como estar hipnotizado… crees estar dormido, pero realmente estas inconsciente. Lo de el ya era una obsesión. Era algo que lo oprimía, lo asfixiaba y no lo dejaba respirar. El iba a luchar. Por que ella seria su muerte.
Iba a volverse loco. Y solo por ella. Su padre le decía que no sabia lo que quería. Pero nadie lo entendía.
quería libertad. quería ser feliz. quería salir e imprimarse de una vez y para siempre. quería irse y no volver a verla. Pero intento renunciar a ella y no pudo. Por que es adicto. Ella iba a exprimirle la vida.
El repentino chirriar de la ventana interrumpió sus cavilaciones.
-Que quieres aquí Jacob?- dijo una suave voz aterciopelada, mientras sacaba la cabeza por la ventana.
- Asesinarte- respondió el susodicho. Y sin decir mas, lo tomo del cuello de su camisa, arrojándolo por la ventana. Edward cayó de espaldas sobre el pasto, y luego se levanto de un salto.
-Para, Chucho- siseo. –Tu sabes lo que sufrirá Bella si uno de los dos muere?.
- No me interesa… Visitara tu tumba seguido- respondió.
- Antes de que tu puedas meterme un zarpazo, yo ya te habré despedazado, cachorrito- Edward no quería pelear. Bella iba a sufrir muchísimo. Y lo sabía.
Pero la arrogancia del perro lo sacaba de sus casillas.
- Vamos, mosquito. Tan solo inténtalo- Jacob sabia que debía ponerlo nervioso. Cuando la gente esta nerviosa, tiende a no pensar. Y eso era lo importante.
- Es una amenaza?-
- Es una propuesta-
Ya no hablaron. Jacob entro en fase y ataco a Edward, arrojándolo contra el árbol más cercano. Este corrió alrededor suyo, y cuando estuvo detrás del el, lo empujo hacia el suelo. El lobo le tiro un zarpazo en la cara, el cual el vampiro esquivo fácilmente. Este se trepo al árbol, seguido por Jacob. Empezaron una salvaje carrera por los árboles. Era como una danza sangrienta, en la que se golpeaban mutuamente. Cuando uno alcanzaba a al otro, lo atacaba sin piedad. Los resultados eran notables. Jacob, estaba debilitándose notablemente y Edward, no podía presumir de su estado. Pero era una pelea a muerte. Era algo que los asfixiaba, que los mataba. Pero no podían parar, no querían parar. Cada uno creía llevar las de ganar, y se equivocaban. Jacob tomo por el brazo a Edward, arrancándoselo. Sonrió con suficiencia al escuchar el grito de dolor del susodicho, pero eso fue hasta que vio que la extremidad empezó a temblar y volvía a unirse con rapidez al cuerpo del vampiro.
Bella, quien hace un momento dormía, con su mente llena de pesadillas, despertó sobresaltada, buscando el consuelo de su amor. Creyó escuchar un grito y su cuerpo tembló del terror. Posiblemente era su imaginación. Tanteo la mecedora, tratando de encontrar a Edward, pero la descubrió vacía. Frunció el ceño. Fue caminando hasta la cocina, todavía preocupada por la desaparición de su novio.
Tomo un vaso y sirvió agua. Volvió a su habitación, y al entrar, dirigió involuntariamente su vista hacia la ventana. La escena que se desarrollaba ahí era aterradora. Horriblemente sádica. Vio una rama ser arrojada hacia el piso y volver hasta el cuerpo de Edward. Y se dio cuenta. No era una rama, ni nada parecido. Era un brazo, el brazo de Edward. El vaso se deslizo de sus manos, estrellándose contra el piso. Se calzo los vaqueros. Descalza y corriendo, se dirigió hasta la entrada, procurando no caerse. Tomo apresuradamente la cazadora del perchero, cual se balanceo y cayo por delante suyo. Tropezó y se tomo de la manija de la puerta, para no golpearse contra el piso. A pesar de la idea de no hacer escándalo, termino en el suelo y con el mango de la puerta en sus manos. Volvió a colocarlo rápidamente y salio, aporreando la puerta tras si. corrió hacia el lugar de la batalla, gritando. En cuanto Edward la vio, abandono la lucha. Pero Jacob no pensaba así. Lo iba atacar por la espalda, sin importarle que Bella estaba detrás suyo, suplicándole que pare. Este la empujo con el brazo y se abalanzo a hacia el…
-Jacob, No lo hagas!-grito Bella. Y eso fue lo último que se escucho en la soledad de la noche.
3 días después…
Ella se encontraba en el cementerio. El ahí no era bien recibido, pero la acompañaba, después de todo, debía hacerlo. Por que el fue el culpable y lo sabia.
La cara de los presentes era de total odio, y aunque siempre había una mirada conciliadora, ahora no había ninguna. A ella le faltaba algo.
¿Por qué tenia que haber muerto?, ¿es que a nadie le importaba si ella sufría?. Ella se acerco a la tumba y dejo una flor sobre el mármol. Y empezó a hablar.
- Aun no se porque paso esto. No lo entiendo. Yo te quería, tal vez no tanto como tu, pero por eso estas aquí. ¿Creías que luego de matarlo yo iba a correr a tus brazos? ¿Creíste que podría seguir viviendo?. Estas loco, Jacob. Estabas loco. Creo que tenías un problema. Ya era una obsesión. Y lo lamento.
Edward sigue echándose culpas. Cree que fue el culpable. Yo se que fue un accidente.
"…No lo hagas! Edward volteo repentinamente, alzando su mano como escudo. El cuerpo de Jacob choco contra la palma abierta de este, justo en la zona del corazón. Se escucho el sonido de las costillas romperse. Y el de su corazón empezar a latir más lentamente. Su respiración se hizo más pesada y abría la boca para permitirse más acceso de aire.
Jacob resistió unos 3 minutos con conciencia. Los aprovecho para susurrar un lánguido: Te amo Bells. Nunca lo olvides. Y un:
Buena batalla, bestia. Gano el mejor hombre. – y fue sin rencor. Al vampiro estrecho su mano.
Ella esperaba que pudiese mejorar, pero las palabras de Edward fueron contundentes y sinceras:
-No se puede hacer nada. Tiene un derrame interno. Lo siento mucho Bella."
- Tu no eras malo, Jacob. No te culpo de nada. Ninguno fue el culpable. Estaba predestinado.
Te quiero, Jake. Eres mi mejor amigo.
Perdóname por no merecerte.- dijo, mientras depositaba un beso en el nombre grabado.
No lloro, ni esa noche, ni la otra. Pero la tercera, fue inevitable. Un torrente de lágrimas del que fue testigo Edward. Pero el la consoló. Sabía que la ida de Jake podría soportarse, pero la de Edward seria como volver a caer en ese pozo de amargura que antes la llenaba por completo.
Abrazada a su amor, comprendió que Jacob, de alguna forma se había sacrificado para liberarse, para dejar de sufrir.
"Luchan, Paris cae."
Pero ella la había hechizado. Sus ojos, su voz, todo de ella lo atraían cada vez más. Realmente no podría decirse que era amor. Era casi como estar hipnotizado… crees estar dormido, pero realmente estas inconsciente. Lo de el ya era una obsesión. Era algo que lo oprimía, lo asfixiaba y no lo dejaba respirar. El iba a luchar. Por que ella seria su muerte.
Iba a volverse loco. Y solo por ella. Su padre le decía que no sabia lo que quería. Pero nadie lo entendía.
quería libertad. quería ser feliz. quería salir e imprimarse de una vez y para siempre. quería irse y no volver a verla. Pero intento renunciar a ella y no pudo. Por que es adicto. Ella iba a exprimirle la vida.
El repentino chirriar de la ventana interrumpió sus cavilaciones.
-Que quieres aquí Jacob?- dijo una suave voz aterciopelada, mientras sacaba la cabeza por la ventana.
- Asesinarte- respondió el susodicho. Y sin decir mas, lo tomo del cuello de su camisa, arrojándolo por la ventana. Edward cayó de espaldas sobre el pasto, y luego se levanto de un salto.
-Para, Chucho- siseo. –Tu sabes lo que sufrirá Bella si uno de los dos muere?.
- No me interesa… Visitara tu tumba seguido- respondió.
- Antes de que tu puedas meterme un zarpazo, yo ya te habré despedazado, cachorrito- Edward no quería pelear. Bella iba a sufrir muchísimo. Y lo sabía.
Pero la arrogancia del perro lo sacaba de sus casillas.
- Vamos, mosquito. Tan solo inténtalo- Jacob sabia que debía ponerlo nervioso. Cuando la gente esta nerviosa, tiende a no pensar. Y eso era lo importante.
- Es una amenaza?-
- Es una propuesta-
Ya no hablaron. Jacob entro en fase y ataco a Edward, arrojándolo contra el árbol más cercano. Este corrió alrededor suyo, y cuando estuvo detrás del el, lo empujo hacia el suelo. El lobo le tiro un zarpazo en la cara, el cual el vampiro esquivo fácilmente. Este se trepo al árbol, seguido por Jacob. Empezaron una salvaje carrera por los árboles. Era como una danza sangrienta, en la que se golpeaban mutuamente. Cuando uno alcanzaba a al otro, lo atacaba sin piedad. Los resultados eran notables. Jacob, estaba debilitándose notablemente y Edward, no podía presumir de su estado. Pero era una pelea a muerte. Era algo que los asfixiaba, que los mataba. Pero no podían parar, no querían parar. Cada uno creía llevar las de ganar, y se equivocaban. Jacob tomo por el brazo a Edward, arrancándoselo. Sonrió con suficiencia al escuchar el grito de dolor del susodicho, pero eso fue hasta que vio que la extremidad empezó a temblar y volvía a unirse con rapidez al cuerpo del vampiro.
Bella, quien hace un momento dormía, con su mente llena de pesadillas, despertó sobresaltada, buscando el consuelo de su amor. Creyó escuchar un grito y su cuerpo tembló del terror. Posiblemente era su imaginación. Tanteo la mecedora, tratando de encontrar a Edward, pero la descubrió vacía. Frunció el ceño. Fue caminando hasta la cocina, todavía preocupada por la desaparición de su novio.
Tomo un vaso y sirvió agua. Volvió a su habitación, y al entrar, dirigió involuntariamente su vista hacia la ventana. La escena que se desarrollaba ahí era aterradora. Horriblemente sádica. Vio una rama ser arrojada hacia el piso y volver hasta el cuerpo de Edward. Y se dio cuenta. No era una rama, ni nada parecido. Era un brazo, el brazo de Edward. El vaso se deslizo de sus manos, estrellándose contra el piso. Se calzo los vaqueros. Descalza y corriendo, se dirigió hasta la entrada, procurando no caerse. Tomo apresuradamente la cazadora del perchero, cual se balanceo y cayo por delante suyo. Tropezó y se tomo de la manija de la puerta, para no golpearse contra el piso. A pesar de la idea de no hacer escándalo, termino en el suelo y con el mango de la puerta en sus manos. Volvió a colocarlo rápidamente y salio, aporreando la puerta tras si. corrió hacia el lugar de la batalla, gritando. En cuanto Edward la vio, abandono la lucha. Pero Jacob no pensaba así. Lo iba atacar por la espalda, sin importarle que Bella estaba detrás suyo, suplicándole que pare. Este la empujo con el brazo y se abalanzo a hacia el…
-Jacob, No lo hagas!-grito Bella. Y eso fue lo último que se escucho en la soledad de la noche.
3 días después…
Ella se encontraba en el cementerio. El ahí no era bien recibido, pero la acompañaba, después de todo, debía hacerlo. Por que el fue el culpable y lo sabia.
La cara de los presentes era de total odio, y aunque siempre había una mirada conciliadora, ahora no había ninguna. A ella le faltaba algo.
¿Por qué tenia que haber muerto?, ¿es que a nadie le importaba si ella sufría?. Ella se acerco a la tumba y dejo una flor sobre el mármol. Y empezó a hablar.
- Aun no se porque paso esto. No lo entiendo. Yo te quería, tal vez no tanto como tu, pero por eso estas aquí. ¿Creías que luego de matarlo yo iba a correr a tus brazos? ¿Creíste que podría seguir viviendo?. Estas loco, Jacob. Estabas loco. Creo que tenías un problema. Ya era una obsesión. Y lo lamento.
Edward sigue echándose culpas. Cree que fue el culpable. Yo se que fue un accidente.
"…No lo hagas! Edward volteo repentinamente, alzando su mano como escudo. El cuerpo de Jacob choco contra la palma abierta de este, justo en la zona del corazón. Se escucho el sonido de las costillas romperse. Y el de su corazón empezar a latir más lentamente. Su respiración se hizo más pesada y abría la boca para permitirse más acceso de aire.
Jacob resistió unos 3 minutos con conciencia. Los aprovecho para susurrar un lánguido: Te amo Bells. Nunca lo olvides. Y un:
Buena batalla, bestia. Gano el mejor hombre. – y fue sin rencor. Al vampiro estrecho su mano.
Ella esperaba que pudiese mejorar, pero las palabras de Edward fueron contundentes y sinceras:
-No se puede hacer nada. Tiene un derrame interno. Lo siento mucho Bella."
- Tu no eras malo, Jacob. No te culpo de nada. Ninguno fue el culpable. Estaba predestinado.
Te quiero, Jake. Eres mi mejor amigo.
Perdóname por no merecerte.- dijo, mientras depositaba un beso en el nombre grabado.
No lloro, ni esa noche, ni la otra. Pero la tercera, fue inevitable. Un torrente de lágrimas del que fue testigo Edward. Pero el la consoló. Sabía que la ida de Jake podría soportarse, pero la de Edward seria como volver a caer en ese pozo de amargura que antes la llenaba por completo.
Abrazada a su amor, comprendió que Jacob, de alguna forma se había sacrificado para liberarse, para dejar de sufrir.
"Luchan, Paris cae."
sábado, 26 de junio de 2010
Recuerdo Eterno
18 agosto 2020
Es increible lo lento que pasa el tiempo cuando quieres que, simplemente, deje de pasar para ti, que algo te caiga encima y termine con tu sufrimiento, que todo lo que conoces desaparezca provocando que dejes de sufrir por lo ya una vez perdido.
Habían pasado exactamente 13 años desde esa magnífica fecha, 18 de agosto de 2007, la mejor y a la vez la peor que pueda recordar en mi eterna memoria.
-Edward, vamos, debes cazar- dijo Alice cogiendome del brazo y arrastrandome el bosque, pero yo nunca contestaba, mi cabeza no era capaz de articular respuestas para mi familia, y aunque les doliese, no me importaba su dolor, todo habia dejado de importarme desde esa fecha. No había vuelto al instituto ni a la universidad, no respiraba, no hablaba. Era exactamente el muerto viviente en el que Carlisle me había convertido en 1918.
Pero no podia culparle.
No iba a culparle.
Por qué os preguntareis. Simplemente porque gracias a él había conocido al más maravilloso ser que pueda... pudiera existir sobre la Tierra.
En este encierro en el que me metí hace tanto tiempo, siempre recuerdo a ese hermoso Angel: sus adorables sonrojos, su sonrisa capaz de iluminar una habitación, sus hermosos ojos chocolate siempre llenos de preguntas y que me mostraban lo que no podia ver en su cabeza, pero lo que más recuerdo, era el alocado sonido de su corazón, como el batir de las alas de un colibrí, el que podía escuchar desde quilómetros de distancia y que me mostraba cuanto me amaba, si tenía miedo, si estaba nerviosas, pero sobre todo, que estaba viva. Ese fantástico sonido sigue resonando en mi cabeza durante cada segundo, cualquiera pensaria que soy afortunado, pero, no era un signo de suerte, sinó de dolor. Ese sonido me martilleaba y maravillaba a partes iguales, igual que el olor de su sangre corriendo por sus venas, tan deliciosa y a la vez tan prohibida.
Pero hacía mucho que no la olia.
Nadie puede saber como deseaba que esa deliciosa esencia volviera a desgarrarme la garganta como la primera vez que la había olido en Biologia.
Nadie sabe como una simple hora puede cambiarte toda la eternidad.
Todo el instituto estaba revolucionado con la nueva alumna, la hija del jefe Swan... Isabella Swan. En la cafeteria, yo había descubierto que no podia leerle la mente, y que sentía una extraña sensación de protección por la nueva. En Biologia, al verla entrar y adivinar que se sentaría a mi lado, durante unos efimeros segundos me había emocionado con la posibilidad de descifarar algunos de sus pensamientos, pero en cuanto se había puesto en el camino del aire, lo único que pensaba era en tirarme encima de ella y beber hasta dejarla completamente seca. Había barajado varias opciones: la mataba allí y luego a los demas alumnos y al professor, pero eso habría dejado que algunos lograran escapar. También podia romperle el cuello e ir matando al resto de humanos, pero su sangre se hubiera ido enfriando y un manjar así no se puede desperdiciar. Podía convencerla para que me siguiera al bosque y allí tomarla, o esperar a que acabaran las clases y seguirla a su casa. Sabía que su padre no llegaría hasta muy tarde y tendría mucho tiempo para preparar una coartada, como un accidente o algo asi.
En ese momento una rafaga de aire provocada por una libreta al cerrarse me devolvió la cordura. Llevaba decadas sin alimentarme de un humano, ademas eso causaria problemas en mi familia. No podia ponerles en peligro. Miré a ese demonio a los ojos, y cualquier pensamiento de matarla se fué al garete.
No podia hacerle daño.
Me había ido durante un tiempo a Denali, para evitar cualquier posible accidente, pero hechaba demenos a mi familia, sin contar que cada segundo veia a esa chica en mi cabeza.
Volví, provocando una gran alegria en mi familia y dispuesto a hacerme amigo de Bella y dejarla viva . Pero no sabía cuanto me cambiaria esa decisión de no matarla.
El dia que la camioneta casi la aplasta, esos segundos antes de que el metal la matara, en mi mente solo pude articular " Ella no" y salí disparado exponiendonos a mi y a mi familia. Bella no había dicho nada de que hubiera estado al otro lado del aparcamiento y cada vez necessitaba mas estar con ella.
La amaba.
También recuerdo el odio y las ansias de matar cuando aquellos bastardos habían querido hacerle daño.
Como ella me dijo que había descubierto mi secreto y que no le importaba lo que fuera.
El maravilloso dia que habíamos pasado en el prado donde nos confesamos nuestro amor. Donde nos dimos nuestro primer beso.
El miedo que sentí cuando la ví en el suelo de la sala de ballet, rota y retorciendose de dolor, despues de acudir al llamado de James. Sentir que la mataria al extraerle el veneno.
Los horribles 6 meses que pasé cuando la dejé diciendo que no la amaba, con la esperanza de que rehiciese su vida, la que no tendría conmigo. El dolor al saberla muerta por mi culpa y el alivio al verla viva en mis brazos en Volterra.
La felicidad al verla sobrevivir a nuestra lucha con los neófitos. Al saber que me elegía a mi en vez de al chucho y que se convertiría en mi esposa.
La felicidad...
Un sentimiento efímero que puede venir muy rapido y desaparecer con la misma facilidad.
Ahora me arrepiento de no haberle insistido que se quedara con Jacob. Tantas ocasiones en las que había superado la muerte, todas tiradas a la basura por culpa del monstruo con el que se había casado.
-Edward, ese puma ya esta vacío, dejalo- Esto era muy común. Nunca era consciente de lo que hacía. Podría estarme un mes sin moverme ni alimentarme o estar 1 hora bebiendo de un animal que ya había vaciado.
-¿Tienes sed?- oí que alguien me preguntaba. Me obligué a enfocar la vista para ver que era Esme. Deví de contestar, porqué me cogió del brazo y me llevó a casa.
Supongo que pensais que debía oir sus voces en mi mente, al menos como un molesto sonido que te carcome. Pero no. Ya no oia.
Cuando te transformas en vampiro, algunas veces se te concedia un don, producto de mejorar una de tus cualidades humanas. A Alice se le había concedido ver el futuro dependiendo de las decisiones de la gente, porque este no estaba escrito en piedra, y yo no había planeado mi desgracia. Jasper podia sentir y controlar las emociones de la gente, pero nunca las usaba para mal. Y a mi, se me había concedido conocer los pensamientos de la gente, excepto una mente, y seguramente, la mas maravillosa de todas.
Una que ya no oiria jamas a raíz de lo acontecido hace ya 13 años...
-¿Donde estamos?- había preguntado mi, en su momento, esposa.
-En Isla Esme, un regalo de Carlisle para Esme, y nos la han prestado para nuestra luna de miel.
Ella no habló mas mientras yo recogía las maletas. La cogí en brazos.
-Creia que esto se hacía en la puerta- dijo riendo.
-Sabes que no soy yo si no lo hago todo a lo grande.
La llevé a través de la jungla que nos rodeaba hasta nuestra casa. Pude dislumbrar las luces del porche a lo lejos y oir el corazón de Bella latir cada vez más rápido.
Una vez dentro, empecé a encender todas las luces para que ella se familiarizara con la casa. La dejé en el cuarto y me fuí a por nuestro equipaje. Tardé dos segundos en volver.
Me dediqué a observarla mientras recorria la estancia, explorando y tocando todo. Era como una niña pequeña.
Hacía calor, yo lo había previsto así para que ella no sintiera frio mientras...la poseia, así que cuando me dí cuenta de una gota de sudor en su cuello, coloqué mi mano allí para secarla, dandole explicaciones que ella en realidad no queria.
No sabia que hacer, si tumbarla en la cama o besarla o...desnudarla. Empeé a pensar algo para poder calmarme, y se me ocurrió pedirle que se diera un baño conmigo en el mar, ya que supuse que a ella este tipo de agua le gustaria.
Aceptó.
Le besé el hombro y con el pecho inflado de orgullo dije- No tarde usted demasiado, señora Cullen- ella dió un pequeño respingo y le avisé que la esperaba en el agua.
Me fuí quitando la ropa de camino a la playa y la colgué en una palmera, dejando a la vista mi cuerpo. No habría hecho falta ponerse bañador, porqué yo la tendría en mis brazos desnuda en algún momento, y poner ropa de por medio era complicar las cosas.
Me metí en el agua y comencé a nadar, intentando calmarme y pensar en lo que haría, como lo haría y la fuerza que utilizaría, porque dañarla no era justamente lo que estaba en mis planes.
En medio de este ritual de relajamiento miré la luna como si fuera la cosa más interesante del mundo, y tengo que admitir que estaba hermosa, pero el alocado latido de un corazón me puso sobre aviso que ese satelite no seria lo mas hermoso que vería esa noche ni ninguna otra.
-Es hermosa- dijo mi esposa colocando una mano sobre la mia, que descansaba encima del agua.
-No está mal- me giré para plantar cara al ser más maravilloso que nadie podría haber creado. Mi cerebro intentó buscar algo con que cataalogarla, pero no encontraba nada que se le asemejara, ni vampiro ni humano ni celestial. Ella era perfecta- Pero yo no le diría hermosa- seguí hablando- no cuando tu estas aquí para comparar.
Colocó su mano en el lugar de mi pecho donde debería latir mi corazón. Me estremecí.
-Te prometí que lo intentaria...-empecé a decir completamente aterrado- pero si... si hago algo mal, si te hago daño, debes decírmelo corriendo- ella solo asintió mientras yo me encontaba completamente serio.
-No tengas miedo, somos como una sola persona- ontestó apoyandose en mi pecho. Por reflejo la rodée con mis brazos, pensando en lo que había dicho y dandome cuanta de la magnitud de sus palabras.
-Para siempre- concluí antes de besarla y sumergirnos lentamente en las aguas cristalinas.
El beso empezó normal, poco a poco fué haciendose mas pasional, hasta que comenzó una guerra de boca contra boca, mientras mis manos la acariciaban en sitios donde antes no me había permitido, pero tampoco sobrepasandome demasiado aún. Querí esperar a estar en la cama para explorar todo su cuerpo.
La cogí en brazos otra vez y la llevé a la cama. La tumbé y me coloqué encima suyo, comenzando a besarla,pero no me quedé solo en disfrutar sus labios, lo quería todo, así que empecé a bajar hasta su cuello, llenandolo de humedos besos que le provocaban gemidos. Bajé hasta su clavicula, lamiendo todo a mi paso. Ella sabía tan condenadamente bien que ninguna de mis fantasias le podian hacer justicia. Bella emitió un leve chillido-gemido de sorpresa.
La miré entre extrañado y preocupado y ella me hizó una señal hacía abajo con su cabeza. Dirigí mi vista donde ella señalaba y me di cuenta de lo que le había provocado ella sonido:Tenía mis dos manos sobre sus pechos. Las aparté para poder admirarla por completo ahora de mas de cerca. No eran ni muy grandes ni muy pequeños, eran redondos y tenían dos puntas rosadas en la parte de arriba que parecia que me llamaban que los probara.
-Edward- gimió mi esposa- Haz algo por favor, pero no te me quedes mirando- era una petición muy facil de cumplir.
Llevé mi boca a su monte derecho y empecé a saborearlo. Ella tenía un sabor dulce aun con el agua del mar. Acaricié el otro al mismo tiempo, logrando que Bella arqueara la espalda de placer. Me sentí orgulloso. Ella disfrutaba de mis atenciones.
Cogió mi cara entre sus manos y me obligó a besarla. Decidí explorar un poco más al mismo tiempo que nuestras lenguas se abrazaban y llevé la mano derecha a su intimidad, provocandole maravillosos gemidos que ahogaba en mi boca.
Estaba húmeda.
Era una humedad distinta a la del agua del mar, era un poco menos líquida y olia mejor aún que su piel, y tube que contener un grito al darme cuenta que esa humedad era producto de la excitación que le había causado.
Le abrí las piernas y me acomodé entre ellas aun acariciandola para comprobar que estuviera bien lubrificada.
La miré a sus orbes chocolate, que ahora estaban envueltos en llamas de lujuria, para que me diera permiso para, por fin, hacerla completamente mia tanto en cuerpo como en alma.
-Bella,¿Estás segura? No hace falta que lo hagamos, podemos esperar a que seas vampira y...menos fragil-dije apartando mi vista de la suya, pero ella agarró mi rostro y espero a que volviera a juntar nuestras miradas.
-Te amo Edward- dijo con amor en los ojos mientras me acariciaba la mejilla- nunca estaré más segura en los brazos de nadie, y no quiero esperar, quiero ser tuya ya- fue juntando nuestros rostros lentamente hasta que unió nuestro labios en un beso cargado de amor.
-Te amo, nunca lo olvides- dije contra su boca mientras comencé a entrar en ella.
Noté como se tensaba, pero no paré. Sabía que al ser virgen le doleria, pero si iba mas o menos rápido, rompia su barrera de un golpe y me quedaba quieto, ella no lo pasaria tan mal como si me detenia cada milimetro. Era una cosa que había estado pensando.
Sentí su himen contra mi masculinidad y la miré otra vez para que me diera su ultima aprobación. Aún con los ojos cerrados pareció entenderlo y los abrió para darmela.
-Respira hondo mi amor- dije antes de romper esa membrana y llenarla por completo. Me quedé quieto tal y como tenía planeado, aunque todo mi cuerpo brivaba por moverse, Era tan calida, aun mas que en el exterior. Ella temblava y le limpié una lagrima que rodó por su mejilla con un beso, mientras le decía palabras tranquilizadoras en el oido. Poco a poco dejó de temblar y respiró normal, pero su corazón seguía con ese latir alocado.
-Sigue Edward, hazme tuya- me susurro en el oido y no fui consciente de nada mas. Empecé a moverme lentamente, sintiendome en la gloria. La habitación se llenó de gemidos y palabras de amor.
Yo cada vez estaba mas ansioso. Me moví mas rapido y profundo, buscando saciarme de ese cuerpo que estaba poseyendo. Bella se apretó mas a mi, mientras yo la penetraba cada vez mas al delicioso ritmo que habia encontrado. Ella gritaba mas fuerte, me abrazaba con lo que yo pensaba eran ansias de cercania. Escuché un pequeño crujido, pero no le tomé atención y seguí. Sentí algo líquido corriendo por nuestras piernas. Debian ser los flujos de Bella. Se oyeron gritos mas fuertes y mas crujidos, pero yo estaba demasiado enssimismado en mi mundo de placer para pensar en eso. Sentí el aliento de Bella en mi oido, seguido de una voz muy debil que decia "Pa-para... por...fa-vor... pa-ra"pero mi cuerpo no registraba esas palabras y mi cerebro solo recibia una orden" Sigue". Noté un nudo en mi estomago y sentí que estaba cerca. Llevé mis labios a los de Bella y los bese. Me pareció que no se movían, que tenian un movimiento casi nulo, y su cuerpo cada vez se apretaba menos al mio. Tal vez era porque estaba cansada o que ella había llegado al orgasmo. Dí un par de embestidas mas y toqué el cielo. Caí sobre ella fulminado y me dí cuenta de que no había respirado en todo el rato. Me arrepentí de hacerlo cuando una esencia me llenó.
Sangre.
Me separé de Bella, la miré y me horroricé.
Estaba palida, mas que de costumbre. Tenía moratones por el abdomen,los ojos cerrados y los labios blancos. Parecía que tuviera la cadera, algunas costillas y los brazos rotos, y de su intimidad salia un charco de sangre.
Y ya no oia ningún sonido proveniente de ella.
-Bella...- tragué para quitarme el nudo de la garganta- porfavor... dime algo...no tiene gracia...¡BELLA!-me arrojé encima suyo y la cogí en mis brazos con toda la delicadeza del mundo. Pegué mi oreja a su pecho desesparado por oir algo, pero no conseguí ori nada. La coloqué el la cama y le hice masaje cardiaco- MALDITA SEA BELLA, VUELVE, NO ME DEJES- empecé a llorar sin lagrimas en los ojos, desesperado. La abracé de nuevo tapandola con las sabanas. No se cuanto tiempo estuve así, tumbado en la cama con la razón de mi vida muerta en mis brazos por ser yo un monstruo que le había arrebatado la suya.
-BELLA... TE AMO...BELLA... TE AMO...- era lo único que mi destrozada mente podía articular. Fueron pasando los dias y las noches. Yo no le daba importancia al tiempo, y tampoco sentía sed. Estaba como el angel que descansaba a mi lado: MUERTO.
Porque ella había sido un angel que se me había enviado para hacerme feliz por algo muy bueno que tube que hacer. Ella era una muestra de que todos podemos tener un rincon en el cielo. Ella había sido una prueba enviada para ver si yo merecía ser feliz, y yo mismo había demostrado que eso era imposible, porque había apartado a mi cielo personal de mi lado. Había matado a mi Bella aún cuando ella me había suplicado que parara. Me había saciado de mis instintos mas bajos y enterrados del cadaver de mi fragil esposa humana.
Olí una esencia conocida. Dulce y tentadora para cualquier mortal, pero inefectiva para mi. Oí unas voces conocidas a mi alrededor que me hablaban...
-Edward...lo siento, no lo ví...- supuse que era Alice. Tenía un tono de voz muy triste,al igual que todos los que me rodeaban. Oí como sus voces mentales iban desapareiendo poco a poco hasta al final dejar de oirse.
Mi don me había sido arrebatado al igual que a mi mujer.
-Hijo... sueltala...le haremos un funeral y todos te apoyaremos. No fué tu culpa. Sabiais que había riesgos...- por la forma de hablar adiviné que era Carlisle.¿Que no era mi culpa? Si claro.
Observé el rostro de mi amada, tranquilo, como si durmiera y encontré las fuerzas para hablar.
-Porque tendriamos que hacer un funeral? Bella esta dormida y despertará de un momento a otro y la transformaré en una de nosotro para que pasemos la eternidad juntos...¡NO!
Salté de la cama porque sentí que alguien intentaba quitarmela de los brazos y no dejaria que nadie la tocara. Por un efímero segundo ví que yo llevaba puesto un pantalon. No sabía cuando me lo había colocado, y no pensaba concentrarme en eso.
Mi familia me miraba cautelosa mientras yo estaba contra una pared con el cuerpo de Bella envuelto en una sabana en mis brazos. Pude ver que estaban todos: Alice, Jasper, Carlisle, Esme, Emmet y Rosalie.
-Edward, sabemos lo dificil que debe ser para ti pero debes entender...- Esme intentó acercarse. Gruñí en aviso de que nadie se me acercara.
-¡BELLA ESTÁ VIVA Y NADIE ME LA QUITARÁ!- sin esperar respuesta salí corriendo a la selva, oyendo de fondo un "EDWARD"dicho por toda mi familia. Aún con Bella en brazos, yo era demasiado rapido para que me cogieran.
Estuve corriendo un rato hasta que la cordura volvió a mi al llegar a la playa opuesta a la que nos habíamos quedado nosotros. Bajé el ritmo y se me doblaron las rodillas. Me abracé al cuerpo de Bella llorando muy fuerte pero sin poder derramar lagrimas, demostrandome a mi mismo el monstruo que era.
-Edward...- Esta vez era Jasper, que me enviaba olas de calma mientras llegaban los demas- porfavor, no corras más. Puedo sentir lo que estas sufriendo, y lo siento pero...
-¡SOY UN MONSTRUO!- grité mirando a mi angel- LA HE MATADO JASPER, A LA RAZÓN DE MI VIDA. TODO LO QUE HA SUFRIDO Y SUPERADO PARA ESTAR CONMIGO Y NO HE SIDO DIGNO DE SU AMOR. ELLA CONFIABA EN MI Y YO LA HE FALLADO-enterré mi cara en el pecho de Bella mientras mi familia llegaba.
-Edward, porfavor, damela, no pasará nada- podía sentir el dolor en la voz de Esme, ella había perdido a una hija. Yo se la había quitado. Igual que Carlisle también había perdido una hija, Jasper, Emmet, Rosalie y a Alice les había quitado una hermana.
En ese momento mi cuerpo se volvió flagido, como si me quitaran la vida de golpe. Dejé aflojar el agarre sobre Bella y Esme la cogió. Me metí en un enjaulamiento mental, porque ahí debian estar los monstruos, enjaulados. Bagamente oí al resto llorar como yo, pero dejé de escuchar para undirme en mi mundo de dolor y culpabilidad...
...hasta ahora. Hoy se complían 13 años de ese dia, y mi deber era abrir la jaula pra ir a ver a Bella y seguir rogandole perdón.
En casa me duché y me puse mi traje. No había ido con los Vulturi para que acabaran con mi agonia porque no había tenido fuerzas para alejarme tanto de la tumba de Bella, que se encontraba a 15 kilómetros de donde me vivia yo.¿Que donde vivia ahora? No lo se. No había preguntado ni escuchado cuando mi familia lo había planificado. Solo sabían que no podiamos estar a mas de 30 kilómetros de Bella.
Salí por la puerta y empecé a correr.
Mi familia no me acompañaba porque yo no quería. Sabían que era una fecha donde yo salia de mi mundo para culparme mucho mas que de costumbre, y sabían que yo no haría ninguna tonteria en esta fecha por respeto a Bella, que tantas veces le había prometido que no haría ninguna estupidez si alguna vez me faltaba y que tenía que seguir por mi familia. No la decepcionaria mas rompiendo mi promesa en este dia.
Pasé por un jardín botánico para coger rosas blancas para llevarlas a su... tumba.
Después de correr durante unas horas, finalmente llegué al lugar donde descansaba Bella: El cementerio de Forks. Como siempre, me daba miedo traspasar esas puertas de metal forjado que eran barras con espinos envueltos, porque atravesarlas era aceptar cada año que ella no estaba. Respiré hondo y entré.
No me costó encontrala porque en Forks se enterraba como mucho a dos personas cada 3 años, y por lo tanto el cementerio no canviaba.
Me paré frente a la tumba y coloqué las rosas arrodillandome en la losa de piedra para leer las letras doradas de la inscripción:
Isabella Marie Cullen Swan, 1989-2007. Mujer querida por toda la eternidad." Siempre serás mi angel salvador"
Acaricié las letras. Ese mensaje lo había dictado yo en un muy pequeño momento de lucidez. Era verdad que la recordaria siempre y era verdad que ella era mi angel salvador. Ella me había salvado en incontables veces.
-Hola mi amor, he venido a verte como todos lo años. Te he traido rosas blancas, tus favoritas. Los demas también querían venir, pero ya sabes que en esta fecha me gusta venir solo.
Silenicio.
-Lo siento Bella, sé que no te gusta oírlo, pero soy un monstruo por lo que te hice .Debí insistirte más en esperar. Debí parar cuando me lo suplicaste con tu últimas fuerzas y llevarte a un médico. Debí ser digno de esa confianza que me tenías pero que no merecí.
Silencio.
-...MALDITA SEA BELLA, te hecho tanto demenos que no te lo puedes imaginar. Vivo encerrado en mi mismo. No hablo, no como, no respiro, soy una cascara sín alma. Un ser errante. Te amo tanto. No te olvidaré jamas Bella, siempre vivirás en mi cabeza.
Silencio.
Me hice un obillo y me acurruqué contra el frío marmol de la inscripción aún lamentandome, como hacía cada año, como haría cada año. Porque aunque me doliera siempre lo haría. Se lo debía y, a quien quiero engañar, esto me haía sentir que ella estaba conmigo. Algunas veces deseaba que reviviera, me insultara, pegara y alejara diciendo que no quería volver a verme, pero al menos estaría viva.
Pasó la noche mientras yo sollozaba contra la piedra, hasta que sentí una mano en mi hombro que me avisaba que tocaba irse. Esto era otra tradición. Yo me quedaba llorando en la tumba y alguien venía a buscarme.
Pensareis que tendría que ser fuerte y seguir con mi vida, pero no podia, porque mi vida había muerto hacía 13 años en mis propias manos.
Yo la había matado, y esa culpa me perseguiria toda la eternidad como un recuerdo eterno gravado a fuego en mi cabeza. Un recuerdo más doloroso que sentir la ponzoña ardiendo por mis venas por toda a eternidad. Un recuerdo mas doloroso que ser torturado por los dones de Jane y Alec. Me tocaba pasar ese infierno por el resto de mis dias, pero no me importaba, porque tener su recuerdo en mi cabeza era poco comparado con lo que había hecho al negarle su derecho a la vida.
Bella sería siempre un recuerdo eterno en mi mente que quemaría por allí donde pasara hasta que explotara y fuera al infierno a cumplir el resto de mi castigo a manos del mismo diablo por haber matado a un angel que no había hecho mas que quererme hasta el final.
Un castigo que merecía y cumpliria.
Es increible lo lento que pasa el tiempo cuando quieres que, simplemente, deje de pasar para ti, que algo te caiga encima y termine con tu sufrimiento, que todo lo que conoces desaparezca provocando que dejes de sufrir por lo ya una vez perdido.
Habían pasado exactamente 13 años desde esa magnífica fecha, 18 de agosto de 2007, la mejor y a la vez la peor que pueda recordar en mi eterna memoria.
-Edward, vamos, debes cazar- dijo Alice cogiendome del brazo y arrastrandome el bosque, pero yo nunca contestaba, mi cabeza no era capaz de articular respuestas para mi familia, y aunque les doliese, no me importaba su dolor, todo habia dejado de importarme desde esa fecha. No había vuelto al instituto ni a la universidad, no respiraba, no hablaba. Era exactamente el muerto viviente en el que Carlisle me había convertido en 1918.
Pero no podia culparle.
No iba a culparle.
Por qué os preguntareis. Simplemente porque gracias a él había conocido al más maravilloso ser que pueda... pudiera existir sobre la Tierra.
En este encierro en el que me metí hace tanto tiempo, siempre recuerdo a ese hermoso Angel: sus adorables sonrojos, su sonrisa capaz de iluminar una habitación, sus hermosos ojos chocolate siempre llenos de preguntas y que me mostraban lo que no podia ver en su cabeza, pero lo que más recuerdo, era el alocado sonido de su corazón, como el batir de las alas de un colibrí, el que podía escuchar desde quilómetros de distancia y que me mostraba cuanto me amaba, si tenía miedo, si estaba nerviosas, pero sobre todo, que estaba viva. Ese fantástico sonido sigue resonando en mi cabeza durante cada segundo, cualquiera pensaria que soy afortunado, pero, no era un signo de suerte, sinó de dolor. Ese sonido me martilleaba y maravillaba a partes iguales, igual que el olor de su sangre corriendo por sus venas, tan deliciosa y a la vez tan prohibida.
Pero hacía mucho que no la olia.
Nadie puede saber como deseaba que esa deliciosa esencia volviera a desgarrarme la garganta como la primera vez que la había olido en Biologia.
Nadie sabe como una simple hora puede cambiarte toda la eternidad.
Todo el instituto estaba revolucionado con la nueva alumna, la hija del jefe Swan... Isabella Swan. En la cafeteria, yo había descubierto que no podia leerle la mente, y que sentía una extraña sensación de protección por la nueva. En Biologia, al verla entrar y adivinar que se sentaría a mi lado, durante unos efimeros segundos me había emocionado con la posibilidad de descifarar algunos de sus pensamientos, pero en cuanto se había puesto en el camino del aire, lo único que pensaba era en tirarme encima de ella y beber hasta dejarla completamente seca. Había barajado varias opciones: la mataba allí y luego a los demas alumnos y al professor, pero eso habría dejado que algunos lograran escapar. También podia romperle el cuello e ir matando al resto de humanos, pero su sangre se hubiera ido enfriando y un manjar así no se puede desperdiciar. Podía convencerla para que me siguiera al bosque y allí tomarla, o esperar a que acabaran las clases y seguirla a su casa. Sabía que su padre no llegaría hasta muy tarde y tendría mucho tiempo para preparar una coartada, como un accidente o algo asi.
En ese momento una rafaga de aire provocada por una libreta al cerrarse me devolvió la cordura. Llevaba decadas sin alimentarme de un humano, ademas eso causaria problemas en mi familia. No podia ponerles en peligro. Miré a ese demonio a los ojos, y cualquier pensamiento de matarla se fué al garete.
No podia hacerle daño.
Me había ido durante un tiempo a Denali, para evitar cualquier posible accidente, pero hechaba demenos a mi familia, sin contar que cada segundo veia a esa chica en mi cabeza.
Volví, provocando una gran alegria en mi familia y dispuesto a hacerme amigo de Bella y dejarla viva . Pero no sabía cuanto me cambiaria esa decisión de no matarla.
El dia que la camioneta casi la aplasta, esos segundos antes de que el metal la matara, en mi mente solo pude articular " Ella no" y salí disparado exponiendonos a mi y a mi familia. Bella no había dicho nada de que hubiera estado al otro lado del aparcamiento y cada vez necessitaba mas estar con ella.
La amaba.
También recuerdo el odio y las ansias de matar cuando aquellos bastardos habían querido hacerle daño.
Como ella me dijo que había descubierto mi secreto y que no le importaba lo que fuera.
El maravilloso dia que habíamos pasado en el prado donde nos confesamos nuestro amor. Donde nos dimos nuestro primer beso.
El miedo que sentí cuando la ví en el suelo de la sala de ballet, rota y retorciendose de dolor, despues de acudir al llamado de James. Sentir que la mataria al extraerle el veneno.
Los horribles 6 meses que pasé cuando la dejé diciendo que no la amaba, con la esperanza de que rehiciese su vida, la que no tendría conmigo. El dolor al saberla muerta por mi culpa y el alivio al verla viva en mis brazos en Volterra.
La felicidad al verla sobrevivir a nuestra lucha con los neófitos. Al saber que me elegía a mi en vez de al chucho y que se convertiría en mi esposa.
La felicidad...
Un sentimiento efímero que puede venir muy rapido y desaparecer con la misma facilidad.
Ahora me arrepiento de no haberle insistido que se quedara con Jacob. Tantas ocasiones en las que había superado la muerte, todas tiradas a la basura por culpa del monstruo con el que se había casado.
-Edward, ese puma ya esta vacío, dejalo- Esto era muy común. Nunca era consciente de lo que hacía. Podría estarme un mes sin moverme ni alimentarme o estar 1 hora bebiendo de un animal que ya había vaciado.
-¿Tienes sed?- oí que alguien me preguntaba. Me obligué a enfocar la vista para ver que era Esme. Deví de contestar, porqué me cogió del brazo y me llevó a casa.
Supongo que pensais que debía oir sus voces en mi mente, al menos como un molesto sonido que te carcome. Pero no. Ya no oia.
Cuando te transformas en vampiro, algunas veces se te concedia un don, producto de mejorar una de tus cualidades humanas. A Alice se le había concedido ver el futuro dependiendo de las decisiones de la gente, porque este no estaba escrito en piedra, y yo no había planeado mi desgracia. Jasper podia sentir y controlar las emociones de la gente, pero nunca las usaba para mal. Y a mi, se me había concedido conocer los pensamientos de la gente, excepto una mente, y seguramente, la mas maravillosa de todas.
Una que ya no oiria jamas a raíz de lo acontecido hace ya 13 años...
-¿Donde estamos?- había preguntado mi, en su momento, esposa.
-En Isla Esme, un regalo de Carlisle para Esme, y nos la han prestado para nuestra luna de miel.
Ella no habló mas mientras yo recogía las maletas. La cogí en brazos.
-Creia que esto se hacía en la puerta- dijo riendo.
-Sabes que no soy yo si no lo hago todo a lo grande.
La llevé a través de la jungla que nos rodeaba hasta nuestra casa. Pude dislumbrar las luces del porche a lo lejos y oir el corazón de Bella latir cada vez más rápido.
Una vez dentro, empecé a encender todas las luces para que ella se familiarizara con la casa. La dejé en el cuarto y me fuí a por nuestro equipaje. Tardé dos segundos en volver.
Me dediqué a observarla mientras recorria la estancia, explorando y tocando todo. Era como una niña pequeña.
Hacía calor, yo lo había previsto así para que ella no sintiera frio mientras...la poseia, así que cuando me dí cuenta de una gota de sudor en su cuello, coloqué mi mano allí para secarla, dandole explicaciones que ella en realidad no queria.
No sabia que hacer, si tumbarla en la cama o besarla o...desnudarla. Empeé a pensar algo para poder calmarme, y se me ocurrió pedirle que se diera un baño conmigo en el mar, ya que supuse que a ella este tipo de agua le gustaria.
Aceptó.
Le besé el hombro y con el pecho inflado de orgullo dije- No tarde usted demasiado, señora Cullen- ella dió un pequeño respingo y le avisé que la esperaba en el agua.
Me fuí quitando la ropa de camino a la playa y la colgué en una palmera, dejando a la vista mi cuerpo. No habría hecho falta ponerse bañador, porqué yo la tendría en mis brazos desnuda en algún momento, y poner ropa de por medio era complicar las cosas.
Me metí en el agua y comencé a nadar, intentando calmarme y pensar en lo que haría, como lo haría y la fuerza que utilizaría, porque dañarla no era justamente lo que estaba en mis planes.
En medio de este ritual de relajamiento miré la luna como si fuera la cosa más interesante del mundo, y tengo que admitir que estaba hermosa, pero el alocado latido de un corazón me puso sobre aviso que ese satelite no seria lo mas hermoso que vería esa noche ni ninguna otra.
-Es hermosa- dijo mi esposa colocando una mano sobre la mia, que descansaba encima del agua.
-No está mal- me giré para plantar cara al ser más maravilloso que nadie podría haber creado. Mi cerebro intentó buscar algo con que cataalogarla, pero no encontraba nada que se le asemejara, ni vampiro ni humano ni celestial. Ella era perfecta- Pero yo no le diría hermosa- seguí hablando- no cuando tu estas aquí para comparar.
Colocó su mano en el lugar de mi pecho donde debería latir mi corazón. Me estremecí.
-Te prometí que lo intentaria...-empecé a decir completamente aterrado- pero si... si hago algo mal, si te hago daño, debes decírmelo corriendo- ella solo asintió mientras yo me encontaba completamente serio.
-No tengas miedo, somos como una sola persona- ontestó apoyandose en mi pecho. Por reflejo la rodée con mis brazos, pensando en lo que había dicho y dandome cuanta de la magnitud de sus palabras.
-Para siempre- concluí antes de besarla y sumergirnos lentamente en las aguas cristalinas.
El beso empezó normal, poco a poco fué haciendose mas pasional, hasta que comenzó una guerra de boca contra boca, mientras mis manos la acariciaban en sitios donde antes no me había permitido, pero tampoco sobrepasandome demasiado aún. Querí esperar a estar en la cama para explorar todo su cuerpo.
La cogí en brazos otra vez y la llevé a la cama. La tumbé y me coloqué encima suyo, comenzando a besarla,pero no me quedé solo en disfrutar sus labios, lo quería todo, así que empecé a bajar hasta su cuello, llenandolo de humedos besos que le provocaban gemidos. Bajé hasta su clavicula, lamiendo todo a mi paso. Ella sabía tan condenadamente bien que ninguna de mis fantasias le podian hacer justicia. Bella emitió un leve chillido-gemido de sorpresa.
La miré entre extrañado y preocupado y ella me hizó una señal hacía abajo con su cabeza. Dirigí mi vista donde ella señalaba y me di cuenta de lo que le había provocado ella sonido:Tenía mis dos manos sobre sus pechos. Las aparté para poder admirarla por completo ahora de mas de cerca. No eran ni muy grandes ni muy pequeños, eran redondos y tenían dos puntas rosadas en la parte de arriba que parecia que me llamaban que los probara.
-Edward- gimió mi esposa- Haz algo por favor, pero no te me quedes mirando- era una petición muy facil de cumplir.
Llevé mi boca a su monte derecho y empecé a saborearlo. Ella tenía un sabor dulce aun con el agua del mar. Acaricié el otro al mismo tiempo, logrando que Bella arqueara la espalda de placer. Me sentí orgulloso. Ella disfrutaba de mis atenciones.
Cogió mi cara entre sus manos y me obligó a besarla. Decidí explorar un poco más al mismo tiempo que nuestras lenguas se abrazaban y llevé la mano derecha a su intimidad, provocandole maravillosos gemidos que ahogaba en mi boca.
Estaba húmeda.
Era una humedad distinta a la del agua del mar, era un poco menos líquida y olia mejor aún que su piel, y tube que contener un grito al darme cuenta que esa humedad era producto de la excitación que le había causado.
Le abrí las piernas y me acomodé entre ellas aun acariciandola para comprobar que estuviera bien lubrificada.
La miré a sus orbes chocolate, que ahora estaban envueltos en llamas de lujuria, para que me diera permiso para, por fin, hacerla completamente mia tanto en cuerpo como en alma.
-Bella,¿Estás segura? No hace falta que lo hagamos, podemos esperar a que seas vampira y...menos fragil-dije apartando mi vista de la suya, pero ella agarró mi rostro y espero a que volviera a juntar nuestras miradas.
-Te amo Edward- dijo con amor en los ojos mientras me acariciaba la mejilla- nunca estaré más segura en los brazos de nadie, y no quiero esperar, quiero ser tuya ya- fue juntando nuestros rostros lentamente hasta que unió nuestro labios en un beso cargado de amor.
-Te amo, nunca lo olvides- dije contra su boca mientras comencé a entrar en ella.
Noté como se tensaba, pero no paré. Sabía que al ser virgen le doleria, pero si iba mas o menos rápido, rompia su barrera de un golpe y me quedaba quieto, ella no lo pasaria tan mal como si me detenia cada milimetro. Era una cosa que había estado pensando.
Sentí su himen contra mi masculinidad y la miré otra vez para que me diera su ultima aprobación. Aún con los ojos cerrados pareció entenderlo y los abrió para darmela.
-Respira hondo mi amor- dije antes de romper esa membrana y llenarla por completo. Me quedé quieto tal y como tenía planeado, aunque todo mi cuerpo brivaba por moverse, Era tan calida, aun mas que en el exterior. Ella temblava y le limpié una lagrima que rodó por su mejilla con un beso, mientras le decía palabras tranquilizadoras en el oido. Poco a poco dejó de temblar y respiró normal, pero su corazón seguía con ese latir alocado.
-Sigue Edward, hazme tuya- me susurro en el oido y no fui consciente de nada mas. Empecé a moverme lentamente, sintiendome en la gloria. La habitación se llenó de gemidos y palabras de amor.
Yo cada vez estaba mas ansioso. Me moví mas rapido y profundo, buscando saciarme de ese cuerpo que estaba poseyendo. Bella se apretó mas a mi, mientras yo la penetraba cada vez mas al delicioso ritmo que habia encontrado. Ella gritaba mas fuerte, me abrazaba con lo que yo pensaba eran ansias de cercania. Escuché un pequeño crujido, pero no le tomé atención y seguí. Sentí algo líquido corriendo por nuestras piernas. Debian ser los flujos de Bella. Se oyeron gritos mas fuertes y mas crujidos, pero yo estaba demasiado enssimismado en mi mundo de placer para pensar en eso. Sentí el aliento de Bella en mi oido, seguido de una voz muy debil que decia "Pa-para... por...fa-vor... pa-ra"pero mi cuerpo no registraba esas palabras y mi cerebro solo recibia una orden" Sigue". Noté un nudo en mi estomago y sentí que estaba cerca. Llevé mis labios a los de Bella y los bese. Me pareció que no se movían, que tenian un movimiento casi nulo, y su cuerpo cada vez se apretaba menos al mio. Tal vez era porque estaba cansada o que ella había llegado al orgasmo. Dí un par de embestidas mas y toqué el cielo. Caí sobre ella fulminado y me dí cuenta de que no había respirado en todo el rato. Me arrepentí de hacerlo cuando una esencia me llenó.
Sangre.
Me separé de Bella, la miré y me horroricé.
Estaba palida, mas que de costumbre. Tenía moratones por el abdomen,los ojos cerrados y los labios blancos. Parecía que tuviera la cadera, algunas costillas y los brazos rotos, y de su intimidad salia un charco de sangre.
Y ya no oia ningún sonido proveniente de ella.
-Bella...- tragué para quitarme el nudo de la garganta- porfavor... dime algo...no tiene gracia...¡BELLA!-me arrojé encima suyo y la cogí en mis brazos con toda la delicadeza del mundo. Pegué mi oreja a su pecho desesparado por oir algo, pero no conseguí ori nada. La coloqué el la cama y le hice masaje cardiaco- MALDITA SEA BELLA, VUELVE, NO ME DEJES- empecé a llorar sin lagrimas en los ojos, desesperado. La abracé de nuevo tapandola con las sabanas. No se cuanto tiempo estuve así, tumbado en la cama con la razón de mi vida muerta en mis brazos por ser yo un monstruo que le había arrebatado la suya.
-BELLA... TE AMO...BELLA... TE AMO...- era lo único que mi destrozada mente podía articular. Fueron pasando los dias y las noches. Yo no le daba importancia al tiempo, y tampoco sentía sed. Estaba como el angel que descansaba a mi lado: MUERTO.
Porque ella había sido un angel que se me había enviado para hacerme feliz por algo muy bueno que tube que hacer. Ella era una muestra de que todos podemos tener un rincon en el cielo. Ella había sido una prueba enviada para ver si yo merecía ser feliz, y yo mismo había demostrado que eso era imposible, porque había apartado a mi cielo personal de mi lado. Había matado a mi Bella aún cuando ella me había suplicado que parara. Me había saciado de mis instintos mas bajos y enterrados del cadaver de mi fragil esposa humana.
Olí una esencia conocida. Dulce y tentadora para cualquier mortal, pero inefectiva para mi. Oí unas voces conocidas a mi alrededor que me hablaban...
-Edward...lo siento, no lo ví...- supuse que era Alice. Tenía un tono de voz muy triste,al igual que todos los que me rodeaban. Oí como sus voces mentales iban desapareiendo poco a poco hasta al final dejar de oirse.
Mi don me había sido arrebatado al igual que a mi mujer.
-Hijo... sueltala...le haremos un funeral y todos te apoyaremos. No fué tu culpa. Sabiais que había riesgos...- por la forma de hablar adiviné que era Carlisle.¿Que no era mi culpa? Si claro.
Observé el rostro de mi amada, tranquilo, como si durmiera y encontré las fuerzas para hablar.
-Porque tendriamos que hacer un funeral? Bella esta dormida y despertará de un momento a otro y la transformaré en una de nosotro para que pasemos la eternidad juntos...¡NO!
Salté de la cama porque sentí que alguien intentaba quitarmela de los brazos y no dejaria que nadie la tocara. Por un efímero segundo ví que yo llevaba puesto un pantalon. No sabía cuando me lo había colocado, y no pensaba concentrarme en eso.
Mi familia me miraba cautelosa mientras yo estaba contra una pared con el cuerpo de Bella envuelto en una sabana en mis brazos. Pude ver que estaban todos: Alice, Jasper, Carlisle, Esme, Emmet y Rosalie.
-Edward, sabemos lo dificil que debe ser para ti pero debes entender...- Esme intentó acercarse. Gruñí en aviso de que nadie se me acercara.
-¡BELLA ESTÁ VIVA Y NADIE ME LA QUITARÁ!- sin esperar respuesta salí corriendo a la selva, oyendo de fondo un "EDWARD"dicho por toda mi familia. Aún con Bella en brazos, yo era demasiado rapido para que me cogieran.
Estuve corriendo un rato hasta que la cordura volvió a mi al llegar a la playa opuesta a la que nos habíamos quedado nosotros. Bajé el ritmo y se me doblaron las rodillas. Me abracé al cuerpo de Bella llorando muy fuerte pero sin poder derramar lagrimas, demostrandome a mi mismo el monstruo que era.
-Edward...- Esta vez era Jasper, que me enviaba olas de calma mientras llegaban los demas- porfavor, no corras más. Puedo sentir lo que estas sufriendo, y lo siento pero...
-¡SOY UN MONSTRUO!- grité mirando a mi angel- LA HE MATADO JASPER, A LA RAZÓN DE MI VIDA. TODO LO QUE HA SUFRIDO Y SUPERADO PARA ESTAR CONMIGO Y NO HE SIDO DIGNO DE SU AMOR. ELLA CONFIABA EN MI Y YO LA HE FALLADO-enterré mi cara en el pecho de Bella mientras mi familia llegaba.
-Edward, porfavor, damela, no pasará nada- podía sentir el dolor en la voz de Esme, ella había perdido a una hija. Yo se la había quitado. Igual que Carlisle también había perdido una hija, Jasper, Emmet, Rosalie y a Alice les había quitado una hermana.
En ese momento mi cuerpo se volvió flagido, como si me quitaran la vida de golpe. Dejé aflojar el agarre sobre Bella y Esme la cogió. Me metí en un enjaulamiento mental, porque ahí debian estar los monstruos, enjaulados. Bagamente oí al resto llorar como yo, pero dejé de escuchar para undirme en mi mundo de dolor y culpabilidad...
...hasta ahora. Hoy se complían 13 años de ese dia, y mi deber era abrir la jaula pra ir a ver a Bella y seguir rogandole perdón.
En casa me duché y me puse mi traje. No había ido con los Vulturi para que acabaran con mi agonia porque no había tenido fuerzas para alejarme tanto de la tumba de Bella, que se encontraba a 15 kilómetros de donde me vivia yo.¿Que donde vivia ahora? No lo se. No había preguntado ni escuchado cuando mi familia lo había planificado. Solo sabían que no podiamos estar a mas de 30 kilómetros de Bella.
Salí por la puerta y empecé a correr.
Mi familia no me acompañaba porque yo no quería. Sabían que era una fecha donde yo salia de mi mundo para culparme mucho mas que de costumbre, y sabían que yo no haría ninguna tonteria en esta fecha por respeto a Bella, que tantas veces le había prometido que no haría ninguna estupidez si alguna vez me faltaba y que tenía que seguir por mi familia. No la decepcionaria mas rompiendo mi promesa en este dia.
Pasé por un jardín botánico para coger rosas blancas para llevarlas a su... tumba.
Después de correr durante unas horas, finalmente llegué al lugar donde descansaba Bella: El cementerio de Forks. Como siempre, me daba miedo traspasar esas puertas de metal forjado que eran barras con espinos envueltos, porque atravesarlas era aceptar cada año que ella no estaba. Respiré hondo y entré.
No me costó encontrala porque en Forks se enterraba como mucho a dos personas cada 3 años, y por lo tanto el cementerio no canviaba.
Me paré frente a la tumba y coloqué las rosas arrodillandome en la losa de piedra para leer las letras doradas de la inscripción:
Isabella Marie Cullen Swan, 1989-2007. Mujer querida por toda la eternidad." Siempre serás mi angel salvador"
Acaricié las letras. Ese mensaje lo había dictado yo en un muy pequeño momento de lucidez. Era verdad que la recordaria siempre y era verdad que ella era mi angel salvador. Ella me había salvado en incontables veces.
-Hola mi amor, he venido a verte como todos lo años. Te he traido rosas blancas, tus favoritas. Los demas también querían venir, pero ya sabes que en esta fecha me gusta venir solo.
Silenicio.
-Lo siento Bella, sé que no te gusta oírlo, pero soy un monstruo por lo que te hice .Debí insistirte más en esperar. Debí parar cuando me lo suplicaste con tu últimas fuerzas y llevarte a un médico. Debí ser digno de esa confianza que me tenías pero que no merecí.
Silencio.
-...MALDITA SEA BELLA, te hecho tanto demenos que no te lo puedes imaginar. Vivo encerrado en mi mismo. No hablo, no como, no respiro, soy una cascara sín alma. Un ser errante. Te amo tanto. No te olvidaré jamas Bella, siempre vivirás en mi cabeza.
Silencio.
Me hice un obillo y me acurruqué contra el frío marmol de la inscripción aún lamentandome, como hacía cada año, como haría cada año. Porque aunque me doliera siempre lo haría. Se lo debía y, a quien quiero engañar, esto me haía sentir que ella estaba conmigo. Algunas veces deseaba que reviviera, me insultara, pegara y alejara diciendo que no quería volver a verme, pero al menos estaría viva.
Pasó la noche mientras yo sollozaba contra la piedra, hasta que sentí una mano en mi hombro que me avisaba que tocaba irse. Esto era otra tradición. Yo me quedaba llorando en la tumba y alguien venía a buscarme.
Pensareis que tendría que ser fuerte y seguir con mi vida, pero no podia, porque mi vida había muerto hacía 13 años en mis propias manos.
Yo la había matado, y esa culpa me perseguiria toda la eternidad como un recuerdo eterno gravado a fuego en mi cabeza. Un recuerdo más doloroso que sentir la ponzoña ardiendo por mis venas por toda a eternidad. Un recuerdo mas doloroso que ser torturado por los dones de Jane y Alec. Me tocaba pasar ese infierno por el resto de mis dias, pero no me importaba, porque tener su recuerdo en mi cabeza era poco comparado con lo que había hecho al negarle su derecho a la vida.
Bella sería siempre un recuerdo eterno en mi mente que quemaría por allí donde pasara hasta que explotara y fuera al infierno a cumplir el resto de mi castigo a manos del mismo diablo por haber matado a un angel que no había hecho mas que quererme hasta el final.
Un castigo que merecía y cumpliria.
Lo que el viento se llevo
Hay un punto donde el dolor se hace tan insoportable que nos hace tomar medidas extremas. Ya sea física o emocionalmente, el dolor es algo indescriptible, te hace llorar, gritar y maldecir.
Algunas personas dicen, "comprendo tu dolor", la verdad es que no lo dicen en serio, quieren reconfortarte, pero lo que no saben, es que unas simples palabras no reconfortan, sólo hacen sentir más miserable de lo que ya es, simplemente… la herida se hace más abierta.
Esto le pasó a Isabella Swan, se enamoró de Edward Cullen, su amigo de la infancia, creyó conocerlo muy bien, pero a veces sólo muestran una máscara para no conocer al verdadero ser
Para no sufrir, ignoramos el dolor, pero llega hasta un lugar, que abarca cada uno de nuestros sentidos, tomamos decisiones de las cuales nunca nos arrepentiremos, olvidando el mundo que nos rodea, tomamos decisiones sin importando la opinión de los demásn.
–Isabella– Llamó Charlie Swan a su hija, estaban en la empresa construida por los ancestros Swan, se podía decir que Isabella era la heredera de una gran fortuna– Necesito que llenes estos papeles- Le tendió una carpeta llena de papeles para adquirir una pequeña empresa, que cada vez crecía más.
–Claro papa, ya mismo te las entrego- Charlie sonrió reconfortante a su hija. Aún teniendo 24 años, Isabella poseía el don de la facilidad de palabras, a sus 24 años había logrado cerrar tratos multimillonarios con grandes empresas alrededor del mundo.
–Tómate tu tiempo– Isabella hizo una mueca, nunca le había gustado que su trabajo se le acumulara– No quiero que te de alguna enfermedad por estar las 24 horas los 7 días de la semana en el trabajo- Si bien Charlie era un maestro en las relaciones públicas, no sabía absolutamente nada acerca de medicina, él mismo se consideraba un idiota en eso.
–No me va a dar nada papá– Le contestó con tono cansado, todas las noches tenían la misma discusión– Sabes muy bien que no me gusta tener trabajo acumulado– Habló mirando la carpeta.
–Está bien, yo solo decía- Le respondió Charlie, saliendo de la oficina.
Cuando Charlie salió, Isabella dejó caer la carpeta nuevamente en el escritorio, y dejó que las lágrimas fluyeran libremente. Sabía que haberse casado a los 18 años lo único que trataría serían problemas y más problemas, pero le había ilusionado tanto casarse, que en el momento no pensó en problemas, hasta seis después del matrimonio.
Puedes escudarte diciendo que es mejor la realidad a un falso sueño pero aun así, duele despertarte.
Dejó esos pensamientos a un lado, sacudió la cabeza y se secó las lágrimas. Miró nuevamente la carpeta y la agarró con manos temblorosas, la abrió y notó que había a lo sumo 60 páginas para leer y firmar.
Se dispuso a hacerlo, uno por uno, corrigiendo errores gramaticales y por último firmando, terminó a eso de las 12:00 de la noche, lentamente se levantó de su lujoso sillón y fue hacía la oficina de su padre que quedaba cruzando el pasillo, al entrar Charlie levantó la vista, se sorprendió mucho al encontrar a Isabella parada en el marco de la puerta, pero rápidamente la hizo pasar.
–Terminé los documentos– Le tendió la carpeta en el escritorio, hicieron un sonoro ruido al caer– ¿Tienes algo más para firmar?– Le preguntó, lo único que deseaba, era nunca ir a su casa nuevamente.
–No, ya no tengo nada– Le contestó Charlie, viendo extrañado a su hija– Te puedes ir– Isabella asintió, supuso que en algún momento tendría que hacerlo, pero tenía la esperanza de que tarde o temprano, ir para nunca más volver.
–Buenas noches papá– Se despidió, dando la vuelta, cerrando consigo la puerta.
– Buenas noches… Bella– Charlie nunca llamaba a su hija "Bella", por más de que ella lo pedía, decía que Isabella era muy formal, pero Charlie sentía que era adecuado para ella.
Bella fue a su oficina, agarró su bolso y las llaves de su auto, y partió hacia su casa.
Al llegar notó que no había nadie, se dio una ducha y entró a la cama, como todas las noches, tuvo pesadillas durante lo que restaba de la noche, se despertaba cada hora, pero no tenía el valor para salir a tomarse un vaso de agua helada, se quedó a soportar las pesadillas que todos los días la acechaban desde que se dio cuenta de la noticia.
A las 6:00 de la mañana del siguiente día, se levantó y duchó con agua caliente para relajar sus músculos, tomó su tiempo, tenía que estar a las ocho en su trabajo, pero ella siempre llegaba temprano, por un día que llegara tarde, nadie le iba a decir nada. Salió del baño y se cambió de ropa, se puso una camisa de un color blanco, chaqueta formal negra, pantalón negro también y unos zapatos de tacón negros.
Tenía una junta muy importante a las 10:00 de la mañana, si todo salía bien, extenderían la empresa hasta China, era un mercado muy grande en ese país. Buscó su bolso y se dirigió a la cocina.
Dicen que la realidad nos engaña y la fantasía nos confunde. Para mi la realidad se terminá y la fantasía se marcha .
Ahí se encontraba Edward, leyendo un periódico con una taza de café en la mano. Era un doctor muy reconocido a nivel mundial, a sus 26 años, tenía múltiples reconocimientos de todos los países que visitaba.
–Hola Bella– Saludó Edward dejando el periódico a un lado, Bella le sonrió y fue al otro lado de la cocina donde estaba el refrigerador, de ahí sacó un yogurt dietético, buscó una cuchara y se dispuso a comerlo.
Edward lo miraba extrañando, su esposa nunca se había comportado así con él. Se levantó de la silla y fue donde estaba Bella, al verlo comió rápidamente su yogurt y estaba a punto de salir, pero Edward fue más rápido y la tomó del brazo.
–¿Pasó algo?– Le preguntó, Bella rápidamente negó con la cabeza, se miraron intensamente a los ojos, Edward buscando algún indicio para saber que Bella estaba mintiendo, y Bella lo miró a los ojos, para mostrarse fuerte ante sus palabras.
–Estoy bien– La soltó lentamente, Edward miró en los ojos de Bella que estaba mintiendo, la conocía muy bien para deducirlo muy fácilmente.
–Si pasa algo me dices– Trató de darle un casto beso en la boca, pero Bella corrió la cara, le dio el beso en la mejilla. Sin decir nada, salió corriendo hacia el garaje.
Edward quedó parado en el mismo lugar, con la vista había seguido el recorrido de Bella, su esposa siempre había sido muy directa, sin pelos en la lengua, decía lo que pensaba, sin importarle los comentarios de las personas, también tenía que ver, su educación, Charlie la había educado para ser una mujer fuerte, una líder innata, había sido educada para dirigir la compañía Swan desde el momento que nació, a nadie le importaba que fuera mujer, con la sola presencia de ella, todos se quedaban callados.
Edward muy triste se volvió a sentar, con ambas manos se sostuvo la cabeza, no había hecho nada malo para que su esposa se comportara así con él, suspiró y se fue a alistar para irse a su trabajo, involuntariamente una sonrisa se le extendió por el rostro.
La medicina era su pasión, desde muy pequeño había mostrado sus dotes para la cirugía, le encantaba estar en un quirófano tratando de salvar la vida de sus pacientes.
Durante toda su carrera, ni un paciente se le había muerto, y si lo hacían, era después de la cirugía, era muy dedicado a su trabajo y le encantaba estar en un hospital, aunque una de las desventajas de ser médico cirujano, era no estar tanto tiempo con su esposa.
Bella por otro lado, nunca le había gustado la medicina, su pasión eran las empresas, estar al frente de una gran compañía ser la líder de todos, que nadie te dirija y ser tú quien pone las reglas.
Isabella estacionó su auto en el aparcamiento privado de los Swan, miró a todos lados, y se emocionó al ver el convertible de su hermano. Se bajó a paso apresurado del auto, y entró a la oficina de su hermano, gritó al verlo y se lanzó a sus brazos, Jacob la agarró en el aire, antes de que le hiciera una visita al suelo.
–¡Estas acá! ¡Estas acá!– Exclamaba llena de emoción Bella. Jacob Swan, el segundo hijo del matrimonio Swan, 22 años, se había casado con Leah Clearweater, hija del mejor amigo de Charlie, desde que se conocieron, habían saltado chispas entre sí.
–Claro que iba a volver hermana– Jacob paró abruptamente al ver a su hermana palidecer, desde ese momento supo que algo andaba mal en ella, Bella al sentirse libre, corrió hacia en baño, cerró con pestillo y devolvió todo su "desayuno"– ¿Bella? ¿Estás bien?– Preguntó Jacob al otro lado de la puerta, Bella se enjuagó la boca y salió del baño.
Dolor es la escencia del ser humano.
–Estoy bien– Le aseguró, Jacob la miró sin creerle, pero asintió con la cabeza, sabía que cuando Bella estuviese lista para decirle que le pasaba, él sería el primero en darse cuenta. –Bueno– Se dejó caer en la silla, invitó a Bella que se sentara, ella lo hizo así. Empezaron a hablar de negocios, de la estadía de Jacob en Londres, como estaba el negocio den Londres, de la nueva empresa que talvez abrirían en China, y de muchas cosas más, omitiendo la vida personal de Bella.
A Jacob no se le pasó por inadvertido, cuando salía fuera del país, Bella de lo único que le hablaba cuando volvía era de Edward, pero esa vez, un una sola mención para Edward. La asistente personal de Bella entró sofocada buscándola, tenía que entrar a reunión en diez minutos. Bella se levantó tan rápido del asiento, que le produjo un gran mareo, si no hubiera sido por Jacob quien la agarró, se fuera golpeado la cabeza.
–¿Segura que estas bien?– Le volvió a preguntar Jacob a su hermana, nuevamente asintió, y salió corriendo de la oficina. Jacob no quedó muy a gusto con la respuesta, necesitaba saber que le había pasado a su hermana, y más que necesitar, era una exigencia, haría todo lo posible para salvar a su hermana, mataría con sus propias manos si fuese necesario, pero nunca nadie dañaría a su hermana, primero pasarían por su cadáver, antes de intentarlo.
Bella llegó a la oficina de juntas, no se sorprendió al ver a todas las personas ya reunidas, si algo caracterizaba a las empresas Swan, era su efectividad, rendimiento y dedicación, ser líder es el mejor regalo que alguien pueda recibir, tienes que dar día a día lo mejor, convertirte en la cabeza, aportar ideas para mejorar los trabajos. A Bella lo le incómodaba la idea, más bien era su sueño, estar en el lugar de Charlie, ser la presidenta y dueña de Swan's Corporations.
Se alisó las inexistentes arrugas de su pantalón, Ángela le pasó sus folletos, y entró a dar lo mejor de ella en la junta. Si conseguían ese contrato, la compañía Swan, sería la más importante a nivel mundial, serían los poseedores de empresas en cada país del mundo.
Jacob observaba a su hermana a través de unos grandes vidrios, Bella siempre fue su ejemplo a seguir, no se dejaba pisotear por nadie, y era muy decidida, se estaba desenvolviendo muy bien en la sala de juntas, los empresarios estaban muy asombrados, pero sabían que esa chica ya los tenía en la palma de la mano.
Dos horas después, los empresarios habían firmado el contrato multimillonario, Bella estaba que no alcanzaba de emoción, en el pasado consiguió contratos de muchos ceros, pero nunca como aquel.
Felicitaron a Charlie por tener una hija excelente, Bella se escabulló hacia la oficina de Jacob, pero antes de entrar, un dolor profundo en el abdomen la hizo detenerse, una mano se la puso en el abdomen, y con la otra intentó agarrarse de la pared.
Jacob estaba saliendo de su oficina, había escuchado que la reunión terminó, y quería darse una vuelta para ver en que había quedado todo, pero al abrir la puerta, se encontró con su hermana, retorciéndose del dolor, rápidamente la agarró en ambos brazos y la llevó dentro, la acostó en un sillón que ocupaba la mitad de la pared, ahora si iba a exigir que le pasaba, esperó a que se recuperara del dolor para preguntarle.
–Me dices o me dices que te pasa– Bella suspiró, sabía que Jacob iba a ser el primero en notarlo, además no tenía sentido ocultarlo por más tiempo, tarde o temprano se iban a dar cuenta.
–Estoy embarazada– Soltó de corrido, Jacob abrió los ojos como platos, balbuceó un par de incoherencias, todavía no procesaba lo que su hermana le dijo, ¡estaba embarazada!.
–¡Felicidades!– Gritó y la abrazó fuertemente, pero no se esperaba la reacción de su hermana, se puso a llorar en su hombro, lentamente se separó de ella y la miró a los ojos, sus mejillas estaban bañadas de lágrimas, se le hizo un nudo en el estómago.
Lágrimas en las mejillas de una mujer, se convierten en tatuajes de dolor en el corazón de un hombre.
–El doctor… me dijo… que– Bella no podía habar bien, debido al llanto, y más doloroso aún, era decir lo que seguía– Es muy probable que aborte el bebé– Jacob se quedó congelado en el lugar, pero debía ser fuerte para su hermana, intentó reconfortarla diciéndole palabras de ánimo en el oído, pero eso no lo reconfortaba a él. Le dolía mucho lo que le dijo Bella, nunca se imaginó que pasaría por una situación como esa.
–Estoy seguro de que no pasará– Habló esta vez más fuerte, aún seguía abrazando a su hermana.
–Lo peor de todo, es que Edward no querrá al bebé, ambos tenemos mucho trabajo, pero el es doctor, casi nunca está en casa, y va a pensar que el bebé le va a quitar tiempo– Edward era muy apegado a su trabajo, a veces hacia turnos dobles, Bella nunca le reclamó nada, pero le dolía que casi nunca estuviera con ella.
–No creas eso, amará tanto el bebé como tú– Bella le explicó a Jacob detalladamente lo que le dijo el doctor, no quería darse falsas ilusiones, pero Jacob la alentó para que le dijera a Edward.
Pasaron el resto del día hablando de trivialidades, esta vez, Jacob miraba a Bella un poco más animada, pero aún era duro para ella aceptar que podría perder al bebé que llevaba dentro. Bella aún no podía creer que le hubiera contado a Jacob, pero necesitaba sacarse ese peso de encima.
Cuando fue hora de salir, Jacob prometió ir a visitar lo más pronto posible a su casa, Leah estaba un poco enferma, y necesitaba que la cuidaran, Bella aceptó, pero le hizo jurar que sería lo más pronto posible. Ambos hermanos se despidieron de su padre, y justamente Renée estaba ahí, saludaron a su madre, y se fueron a sus respectivos autos. Se despidieron y Bella dijo que ese mismo día le daría la noticia a Edward, entraron a sus coches, y partieron a sus casas.
Bella al llegar, se le antojo atún con maíz, para muchos seria una rara y asquerosa combinación, pero para ella era una exquisitez. Entró a su casa, y se dio cuenta de que no había nadie, estaba todo oscuro, subió las escaleras y se cambió de ropa, poniéndose un traje deportivo, volvió a bajar las escaleras dirigiéndose hacia la cocina. Buscó en el refrigerador y ¡bingo!, había atún y maíz, de reojo miró el envase de mayonesa dietética, también se le antojaba comer, juntó todas las cosas y las vertió en un bol, con una cuchara las mezclo y comió directamente del bol.
Cuando iba por la mitad, escuchó como la puerta principal era abierta, en ese momento supo que la hora de la verdad estaba cerca. Edward asomó la cabeza por la puerta de la cocina, y le sonrió dulcemente a su esposa, pero hizo una cara de asco al ver lo que estaba comiendo.
Si me dieran la oportunidad de escoger otra vez, te escogería a ti sin pensarlo otra vez.
Se acercó a Bella, cada paso que daba, un retorcijón se producía en el estómago de Bella. Cuando Edward llegó a su lado, le robó un casto beso a Bella, esta vez ella no volteó la cara, mentiría si dijera que no había extrañado sus labios.
–¿Qué comes?– Le preguntó Edward, arrastrando una silla a la par de Bella.
–Mayonesa dietética, maíz y atún– Edward arrugó la cara al escuchar lo último, desde pequeño había odiado el aún, nunca le había gustad o el olor a pescado.
–¿Puedo preguntar porque lo comes?– Bella negó con la cabeza, metiéndose un gran bocado, Edward río.
–Esh muy rico– Habló Bella con la boca llena, a percatarse de lo que hizo, un adorable sonrojo se le extendió por la cara.
–Me encanta tu sonrojo– Le pasó una mano delicadamente por la mejilla, se contemplaron unos segundos a los ojos, Bella sabía que era el momento para decir la verdad, hizo el bol a un lado, suspiró profundamente y se preparo para decirlo.
–Tenemos que hablar– "No le puedo soltar de un solo'estoy embarazada' eso sería matarlo de un paro cardiaco" Pensó Bella internamente. Edward se tensó notoriamente, no quería que Bella le diera una mala noticia, pero soportaría cualquier cosa que saliera de esos hermosos labios.
–Dime– La alentó, Bella empezó haciendo preguntas acerca del embarazo, Edward las contestó haciendo el rol médico, aún sin saber a que venía el tema.
–Ajá, ¿qué pensarías tú si te dijera que estoy embarazada?– Bella entrelazo los dedos de sus manos y las dejó en su regazo. Edward estaba en shock, no podía creer lo que Bella le estaba preguntando, ¿qué pensaría él, si le dijera que estaba embarazada?, salió de su letargo al escuchar un " y bien", provinente de Bella.
–¿Qué haría?– Murmuró para el mismo– La llenaría de regalos, le daría tolo lo que ella me pidiera, jugaría con ella– A Bella se le iluminaron los ojos al escuchar hablar así a Edward.
–Enhorabuena, estoy embarazada– Edward la miró sin creerlo, un bebé de ambos, una mini Bella, se imaginaba, con el cabello, ojos, piel y labios, todo de ella, una pequeña clon de Bella.
–¿Enserio? – Le preguntó, Bella asintió con la cabeza, Edward se levantó de la silla y la abrazó, al igual que con Jacob, Bella se puso a llorar, le tenía que confesar a Edward la peor parte.
–Puede que pierda al bebé– Edward le acarició el cabello, y le pidió que le contara todo, la llevó a la sala y se sentó con ella– Dice el doctor que tengo un mese de gestación– Miró hacia el suelo, pero Edward le levantó la barbilla y la obligó a verlo– El latido del corazón es muy débil, y que es muy posible de que tenga un aborto espontáneo, cuando llegue al hospital, el bebé ya estará muerto, y yo correré peligro – Edward no creía sus palabras, hace poco le había dicho que estaba embarazada, y ya se había hecho una idea, perder a ambos, sería como perder su corazón, él daría su vida por cualquiera de ellos.
–No te preocupes, no perderemos al bebé– Le prometió, Edward le sonrió muy felizmente. Al igual que Jacob, se tenía que mantener fuerte ante Bella– Por eso estabas tan rara en la mañana– Bella le contestó que si, no sabía como iba a reaccionar ante aquella noticia.
La noción del tiempo se nos escapa de las manos y no nos damos cuenta.
El tiempo pasó, Bella ya tenía tres hermosos meses de embarazo, todavía no se le notaba mucho, pero Edward estaba más que emocionado con la muy pequeña protubetancia que sobresalía. Ambas familias, Cullen y Swan, se tomaron la noticia como anillo al dedo, estaban más que felices.
–¡Bella!– Llamó Edward a su esposa, tenía una conferencia muy importante en Londres, y su avión partía en dos horas, necesitaba como el aire, despedirse de Bella.
–Ya voy, ya voy– Bella se apareció en la sala, con un gran tazón de leche condensada y chocolate, todos los presentes hicieron una mueca, pero Bella los ignoró olímpicamente.
–Nos vemos dentro de tres días– Le dijo Edward, acercándose para darle un dulce beso en los labios, se agachó a la altura de su estómago y depositó un beso ahí– Nos vemos bebé, cuida a tu madre– Los hermanos de Edward, Alice y su esposo Jasper, Emmett y su esposa Rosalie, miraron anodados la escena, suspiraron al mismo tiempo y exclamaron "que tierno", al dares cuenta de lo que hicieron, se pusieron a reir.
–Se pusieron melosos, mejor ya vamonos– Exclamó Emmett, por ser muy grande y musculoso, se creía el muy macho, pero la verdad es que tenía un corazón de niño.
–Nos vemos Bella– Volvió a despedirse Edward, saliendo por la puerta principal, seguido de sus hermanos.
Al siguiente día, Bella fue a su trabajo. Había tenido dos meses de vacaciones, y de su trabajo se había hecho cargo Jacob, el pobre estaba desesperado, para quitarle un poco de trabajo, Bella se ofreció a ayudarlo, Jacob aceptó encantado.
Cuando llegó, toda la empresa la felicito, ella muy sonrojada, les dio las gracias, se dirigió a la oficina de Jacob, al entrar, miró que tenía papeles por todos lados, se sentó en el sillón, y ayudó a Jacob firmando papel tras papel.
Durante todo el día, un interminable dolor se le extendía en el abdomen, no le presto mucha atención, pero cuando se disponía a levantarse, gritó del dolor, miró hacia el suelo, y se sorprendió al ver la alfombra manchada de sangre, Jacob contempló lo que le estaba pasando a su hermana, sin importarle los papeles, los tiró a un lado y agarró a Bella en brazos.
Corrió lo más rápido que pudo hacia su auto, Bella cada segundo que pasaba, su dolor se hacía más agudo, quería que le dejara de doler, pero sabía que el dolor físico no era nada, comparado al dolor que sentiría al llegar al hospital.
Jacob llegó lo más rápido posible, por el tráfico, hacia el hospital, volvió a agarrar a Bella en brazos, y la llevó a la sala de emergencies. Gracias a Dios, Carlisle, el padre de Edward, Estaba de turno, atendieron rápidamente a Bella.
Durante el trayecto, el dolor había hecho desmayar a Bella, no sentía nada. Tal y como lo dijo el doctor, al llegar al hospital, el bebé ya estaba muerto, y Bella en un estado delicado.
No perdiste a nadie, el que murió, simplemente se nos adelantó, porque para allá vamos todos. Además lo mejor de él, es que el amor sigue en tu corazón.
Jacob había avisado a todos, y se encontraban apiñados en la habitación que tenía Bella, decidieron no decirle a Edward, hasta que llegara de su conferencia. Carlisle había sedado a Bella, cuando despertara tendría mucho dolor, y era mejor tenerla en reposo mucho tiempo posible.
Pasaban las horas y Bella despertó, lo ultimo que recordaba era que Jacob la llevaba en el auto,nada mas , preguntó lo que pasaba, pero nadie se digno a responderle, y entonces se acordó lo que le dijo el doctor.
–¿Dónde está mi bebé?– Inconcientemente se llevó la mano hacia el abdomen, y se sintió morir, al notar que la pequeña protuberancia ya no estaba– ¿¡Dónde está mi bebé?– Exclamó esta vez más alto, en ese momento Carlisle entró a la habitación.
–Lo siento Bella– Esas tres palabras, rompieron el corazón de Bella en mil pedazos.
Su bebé, su bebé ya no estaba, ese pequeño ser que nacía dentro de ella, se había ido. Sus ojos se le llenaron de lágrimas, se llevó ambas manos al rostro, quería gritar, pero no salía nada de su boca. Empezó a derramar lágrimas silenciosas, Jacob se acercó a ella y la abrazó, Bella se aferró a él como si su vida dependiera de ello, lloró como si nunca la hubiera hecho, gotas por cascadas salían sin permiso por sus ojos, se odiaba por no cuidar a su bebé, por no ser una buena madre, y le dolía pensar, que era lo que le iba a decir Edward, sin duda, la odiaría él también.
Alice salió con los ojos anégados de lágrimas, debía ir a traer a su hermano, nadie le había dicho nada, era mejor que Bella se lo dijera. Llegó al aeropuerto y esperó por Edward, cuando lo divisó, no salió del auto, Edward se asombró ante eso, Alice era muy energética, desde pequeña saludaba a sus conocidos.
–Hola Alice– Saludó Edward al entrar al auto, Alice contestó un débil "hola", sin darle tiempo de contestar, arrancó en auto, dirigiéndose al lado contrario de la casa de Edward–¿Dónde vamos?– Preguntó al percatarse de que iban en sentido opuesto.
–Al hospital– Contestó simplemente Alice, Edward se alarmó ante esa afirmación, rogaba al cielo que nada le hubiera pasado a Bella o al bebé.
Cuando llegaron, Alice lo llevó a la habitación de Bella, cuando lo vieron, salieron y dejaron solos a Edward y Bella.
Bella se había dormido en el hombro de Jacob, lloró demasiado, que estaba muy cansada. Jacob le dio su lugar a Edward, recostó a Bella en la cama y Edward se acostó a la par de ella.
Pasaron algunas horas, antes de que Bella despertara, cuando miró a Edward se alarmó, y trató de explicar, pero la calmó diciéndole que estuviera tranquila, que le explicara cuando estuviera más relajada. Ambos suspiraron profundamente, y Bella le explicó a Edward con lujo de detalles. La reacción de él, no fue esperada por ella, le dijo que no importaba, por algo ese bebé se había ido.
Pero cuando Bella volvió a dormir, Edward se soltó en llanto, debió cuidar más a su esposa, nunca debió dejarla e irse a otro continente, al otro lado del mundo, si hubiera estado con ella, talvez no hubiera abortado espontáneamente.
Los días pasaron, y con ello aumentó el dolor de ambos, Bella precía un zombie andante, y Edward estaba opaco, sin el brillo que lo caracterizaba. Habían veces, Edward hacía turnos triples, y Bella se pasaba todo el día trabajando, aún más que antes.
El día de su aniversaio, Bella pensó sorprender a su esposo en el trabajo, según tenía entendido, su turno terminaba a las 8:00 de la noche, y aún eran las siete.
Cuando el reloj dio las 7:45, Bella salió de su trabajo y se dirigió hacia el hospital, preguntó en recepción donde podia encontrar a Edward, le contestaron que no sabían, pero podia esperarlo en el cuarto donde se cambiaban los doctores de turno, Bella asintió, le indicaron donde quedaban y se dispuso a ir, al abrir la puerta, el aire se le quedó atorado en los pulmones, y su corazón se detuvo por unos momentos.
Uno de los dolores más fuertes sin duda es la perdida de alguna persona que amas, pero el dolor más fuerte es ver a una persona que amas engañarte con otra.
Edward estaba con otra mujer, y sin nada de ropa , ninguno de los dos la miró, por estar entretenidos buscando en la boca del otro. Lentamente cerró la puerta, procurando no hacer nungún ruido.
Pasó nuevamente por recepción, y le preguntaron si había llegado al cuarto, contestó que no, la habían llamado del trabajo y tenía que presentarse inmediatamente.
Cuando Edward se estaba acomodando su ropa para irse, Tanya le dijo que alguien había entrado, temiendose lo peor salió, para su suerte ningún doctor había entrado, pasó por recepción.
–Dr. Cullen vino su esposa– No, no, no, ella no podia ser la que entró.
–¿Qué le dijo?– La recepcionista le contó todo, Edward suspiró libre al dares cuenta de que no había entrado, se despidió de la recepcionista y fue hasta su Volvo.
Esa había sido la única vez que estuvo con Tanya, unas cosas pasaron a las otras, y cuando se dio cuenta, se estaban acostando juntos.
Edward llegó a su casa, y notó que el auto de Bella estaba estacionado. Bajó del auto y entró, buscó a Bella con la mirada y la encontró con muchos papeles en la isla de la cocina.
Se acercó a ella y le dio un beso, pero Bella lo tomó por el cuello y profundizó más el beso.
–Sabes que te amo ¿cierto?– Le preguntó, Edward asintió y le dio otro beso.
–Yo te amo más– Le contestó, se sentó al lado de ella y le preguntó que estaba haciendo.
–Trabajo acumulado– Respondió simplemente, Bella se dio vuelta y lo miró a los ojos– Sabes que aunque no esté aquí, te cuidaré ¿verdad?– Edward asintió nuevamente extrañado– Y que pase lo que pase, siempre seras el amor de mi vida.
–¿Qué pasa?- Bella le sonrió reconfortante– Siento esto como una despedida.
–Todo es percepción amor, percepción– Se quedaron un rato más hablando, hasta que dio media noche, Edward estaba muy cansado, aunque tenia que decirle a Bella lo que pasó con Tanya, pero decidió dejarlo para otro día, se despidió de Bella y se fue a dormir.
Bella esperó a que Edward estuviera dormido, para llevar a cabo su decisión, esperó una hora, mienstras tanto escribía una carta, le envió mensajes de texto a todos sus amigos y familiares.
Se levantó de la silla y buscó un cuchillo filoso, "dos cortes, solo dos cortes y nada más" se decía internamente, pasó la punta del dedo índice por el cuchillo, y el de cortar carne era perfecto. Estiró una mano, y se hizo un corte profundo en la muñeca izquierda, y luego se hizo otro en la muñeca derecha.
Calculó todo, Jacob iba a recibir su mensaje y llegaría lo más rápido posible, pero él era el que vivía más cerca, a unos 20 minutos, durante ese tiempo, le daba lugar para que la sangre corriera libremente por todo el lavabo.
Edward despertó al escuchar los gritos de personas dentro de su casa, rápidamente bajó las escaleras y su corazón no soporto la imagen que miraba. Bella, su Bella, el amor de su vida, estaba en el piso, con las manos llenas de sangre, y su cuerpo inerte.
Cayó al piso de rodillas y empezó a llorar, miró a un lado de la isla de la cocina, y miró un papel, se lavantó y lo recogió, era la letra infantil de Bella.
"Hola… bueno no se supone que deba decir hola, pero ya que. Sé que todos se preguntarán porque hice esto, y creo que debo darles una explicación. Desde que murió mi bebé entré en un estado zombie, cuando más necesite a mi esposo, este me dio la vuelta, se que estaba igual que yo, pero juntos hubiermos podido seguir adelante, pero no, ambos nos sumimos en un abismo sin salida. Cuando traté de buscarte para mejorar las cosas, te vi con otra, no sabes lo que sentí, casi me muero, por eso tomé esta decisión, por favor, no lloren por mí, deben saber que estoy en un mundo mejor, sin miedos ni problemas, algún día nos encontraremos aquí, o eso espero, sean felices, y no tengan miedo a decir lo que piensan. Jake, cuida a nuestros padres y a Leah, ellos dependen de tí, y los Cullen, sean siempre iguales, nunca cambien, y Edward, te amo mi vida, pase lo que pase, te amo"
Ahora Edward en su lecho de muerte, recuerda la carta escrita por Bella, nunca supo que se hizo, por eso la recuerda "lo que el viento se llevó".
El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional.
Algunas personas dicen, "comprendo tu dolor", la verdad es que no lo dicen en serio, quieren reconfortarte, pero lo que no saben, es que unas simples palabras no reconfortan, sólo hacen sentir más miserable de lo que ya es, simplemente… la herida se hace más abierta.
Esto le pasó a Isabella Swan, se enamoró de Edward Cullen, su amigo de la infancia, creyó conocerlo muy bien, pero a veces sólo muestran una máscara para no conocer al verdadero ser
Para no sufrir, ignoramos el dolor, pero llega hasta un lugar, que abarca cada uno de nuestros sentidos, tomamos decisiones de las cuales nunca nos arrepentiremos, olvidando el mundo que nos rodea, tomamos decisiones sin importando la opinión de los demásn.
–Isabella– Llamó Charlie Swan a su hija, estaban en la empresa construida por los ancestros Swan, se podía decir que Isabella era la heredera de una gran fortuna– Necesito que llenes estos papeles- Le tendió una carpeta llena de papeles para adquirir una pequeña empresa, que cada vez crecía más.
–Claro papa, ya mismo te las entrego- Charlie sonrió reconfortante a su hija. Aún teniendo 24 años, Isabella poseía el don de la facilidad de palabras, a sus 24 años había logrado cerrar tratos multimillonarios con grandes empresas alrededor del mundo.
–Tómate tu tiempo– Isabella hizo una mueca, nunca le había gustado que su trabajo se le acumulara– No quiero que te de alguna enfermedad por estar las 24 horas los 7 días de la semana en el trabajo- Si bien Charlie era un maestro en las relaciones públicas, no sabía absolutamente nada acerca de medicina, él mismo se consideraba un idiota en eso.
–No me va a dar nada papá– Le contestó con tono cansado, todas las noches tenían la misma discusión– Sabes muy bien que no me gusta tener trabajo acumulado– Habló mirando la carpeta.
–Está bien, yo solo decía- Le respondió Charlie, saliendo de la oficina.
Cuando Charlie salió, Isabella dejó caer la carpeta nuevamente en el escritorio, y dejó que las lágrimas fluyeran libremente. Sabía que haberse casado a los 18 años lo único que trataría serían problemas y más problemas, pero le había ilusionado tanto casarse, que en el momento no pensó en problemas, hasta seis después del matrimonio.
Puedes escudarte diciendo que es mejor la realidad a un falso sueño pero aun así, duele despertarte.
Dejó esos pensamientos a un lado, sacudió la cabeza y se secó las lágrimas. Miró nuevamente la carpeta y la agarró con manos temblorosas, la abrió y notó que había a lo sumo 60 páginas para leer y firmar.
Se dispuso a hacerlo, uno por uno, corrigiendo errores gramaticales y por último firmando, terminó a eso de las 12:00 de la noche, lentamente se levantó de su lujoso sillón y fue hacía la oficina de su padre que quedaba cruzando el pasillo, al entrar Charlie levantó la vista, se sorprendió mucho al encontrar a Isabella parada en el marco de la puerta, pero rápidamente la hizo pasar.
–Terminé los documentos– Le tendió la carpeta en el escritorio, hicieron un sonoro ruido al caer– ¿Tienes algo más para firmar?– Le preguntó, lo único que deseaba, era nunca ir a su casa nuevamente.
–No, ya no tengo nada– Le contestó Charlie, viendo extrañado a su hija– Te puedes ir– Isabella asintió, supuso que en algún momento tendría que hacerlo, pero tenía la esperanza de que tarde o temprano, ir para nunca más volver.
–Buenas noches papá– Se despidió, dando la vuelta, cerrando consigo la puerta.
– Buenas noches… Bella– Charlie nunca llamaba a su hija "Bella", por más de que ella lo pedía, decía que Isabella era muy formal, pero Charlie sentía que era adecuado para ella.
Bella fue a su oficina, agarró su bolso y las llaves de su auto, y partió hacia su casa.
Al llegar notó que no había nadie, se dio una ducha y entró a la cama, como todas las noches, tuvo pesadillas durante lo que restaba de la noche, se despertaba cada hora, pero no tenía el valor para salir a tomarse un vaso de agua helada, se quedó a soportar las pesadillas que todos los días la acechaban desde que se dio cuenta de la noticia.
A las 6:00 de la mañana del siguiente día, se levantó y duchó con agua caliente para relajar sus músculos, tomó su tiempo, tenía que estar a las ocho en su trabajo, pero ella siempre llegaba temprano, por un día que llegara tarde, nadie le iba a decir nada. Salió del baño y se cambió de ropa, se puso una camisa de un color blanco, chaqueta formal negra, pantalón negro también y unos zapatos de tacón negros.
Tenía una junta muy importante a las 10:00 de la mañana, si todo salía bien, extenderían la empresa hasta China, era un mercado muy grande en ese país. Buscó su bolso y se dirigió a la cocina.
Dicen que la realidad nos engaña y la fantasía nos confunde. Para mi la realidad se terminá y la fantasía se marcha .
Ahí se encontraba Edward, leyendo un periódico con una taza de café en la mano. Era un doctor muy reconocido a nivel mundial, a sus 26 años, tenía múltiples reconocimientos de todos los países que visitaba.
–Hola Bella– Saludó Edward dejando el periódico a un lado, Bella le sonrió y fue al otro lado de la cocina donde estaba el refrigerador, de ahí sacó un yogurt dietético, buscó una cuchara y se dispuso a comerlo.
Edward lo miraba extrañando, su esposa nunca se había comportado así con él. Se levantó de la silla y fue donde estaba Bella, al verlo comió rápidamente su yogurt y estaba a punto de salir, pero Edward fue más rápido y la tomó del brazo.
–¿Pasó algo?– Le preguntó, Bella rápidamente negó con la cabeza, se miraron intensamente a los ojos, Edward buscando algún indicio para saber que Bella estaba mintiendo, y Bella lo miró a los ojos, para mostrarse fuerte ante sus palabras.
–Estoy bien– La soltó lentamente, Edward miró en los ojos de Bella que estaba mintiendo, la conocía muy bien para deducirlo muy fácilmente.
–Si pasa algo me dices– Trató de darle un casto beso en la boca, pero Bella corrió la cara, le dio el beso en la mejilla. Sin decir nada, salió corriendo hacia el garaje.
Edward quedó parado en el mismo lugar, con la vista había seguido el recorrido de Bella, su esposa siempre había sido muy directa, sin pelos en la lengua, decía lo que pensaba, sin importarle los comentarios de las personas, también tenía que ver, su educación, Charlie la había educado para ser una mujer fuerte, una líder innata, había sido educada para dirigir la compañía Swan desde el momento que nació, a nadie le importaba que fuera mujer, con la sola presencia de ella, todos se quedaban callados.
Edward muy triste se volvió a sentar, con ambas manos se sostuvo la cabeza, no había hecho nada malo para que su esposa se comportara así con él, suspiró y se fue a alistar para irse a su trabajo, involuntariamente una sonrisa se le extendió por el rostro.
La medicina era su pasión, desde muy pequeño había mostrado sus dotes para la cirugía, le encantaba estar en un quirófano tratando de salvar la vida de sus pacientes.
Durante toda su carrera, ni un paciente se le había muerto, y si lo hacían, era después de la cirugía, era muy dedicado a su trabajo y le encantaba estar en un hospital, aunque una de las desventajas de ser médico cirujano, era no estar tanto tiempo con su esposa.
Bella por otro lado, nunca le había gustado la medicina, su pasión eran las empresas, estar al frente de una gran compañía ser la líder de todos, que nadie te dirija y ser tú quien pone las reglas.
Isabella estacionó su auto en el aparcamiento privado de los Swan, miró a todos lados, y se emocionó al ver el convertible de su hermano. Se bajó a paso apresurado del auto, y entró a la oficina de su hermano, gritó al verlo y se lanzó a sus brazos, Jacob la agarró en el aire, antes de que le hiciera una visita al suelo.
–¡Estas acá! ¡Estas acá!– Exclamaba llena de emoción Bella. Jacob Swan, el segundo hijo del matrimonio Swan, 22 años, se había casado con Leah Clearweater, hija del mejor amigo de Charlie, desde que se conocieron, habían saltado chispas entre sí.
–Claro que iba a volver hermana– Jacob paró abruptamente al ver a su hermana palidecer, desde ese momento supo que algo andaba mal en ella, Bella al sentirse libre, corrió hacia en baño, cerró con pestillo y devolvió todo su "desayuno"– ¿Bella? ¿Estás bien?– Preguntó Jacob al otro lado de la puerta, Bella se enjuagó la boca y salió del baño.
Dolor es la escencia del ser humano.
–Estoy bien– Le aseguró, Jacob la miró sin creerle, pero asintió con la cabeza, sabía que cuando Bella estuviese lista para decirle que le pasaba, él sería el primero en darse cuenta. –Bueno– Se dejó caer en la silla, invitó a Bella que se sentara, ella lo hizo así. Empezaron a hablar de negocios, de la estadía de Jacob en Londres, como estaba el negocio den Londres, de la nueva empresa que talvez abrirían en China, y de muchas cosas más, omitiendo la vida personal de Bella.
A Jacob no se le pasó por inadvertido, cuando salía fuera del país, Bella de lo único que le hablaba cuando volvía era de Edward, pero esa vez, un una sola mención para Edward. La asistente personal de Bella entró sofocada buscándola, tenía que entrar a reunión en diez minutos. Bella se levantó tan rápido del asiento, que le produjo un gran mareo, si no hubiera sido por Jacob quien la agarró, se fuera golpeado la cabeza.
–¿Segura que estas bien?– Le volvió a preguntar Jacob a su hermana, nuevamente asintió, y salió corriendo de la oficina. Jacob no quedó muy a gusto con la respuesta, necesitaba saber que le había pasado a su hermana, y más que necesitar, era una exigencia, haría todo lo posible para salvar a su hermana, mataría con sus propias manos si fuese necesario, pero nunca nadie dañaría a su hermana, primero pasarían por su cadáver, antes de intentarlo.
Bella llegó a la oficina de juntas, no se sorprendió al ver a todas las personas ya reunidas, si algo caracterizaba a las empresas Swan, era su efectividad, rendimiento y dedicación, ser líder es el mejor regalo que alguien pueda recibir, tienes que dar día a día lo mejor, convertirte en la cabeza, aportar ideas para mejorar los trabajos. A Bella lo le incómodaba la idea, más bien era su sueño, estar en el lugar de Charlie, ser la presidenta y dueña de Swan's Corporations.
Se alisó las inexistentes arrugas de su pantalón, Ángela le pasó sus folletos, y entró a dar lo mejor de ella en la junta. Si conseguían ese contrato, la compañía Swan, sería la más importante a nivel mundial, serían los poseedores de empresas en cada país del mundo.
Jacob observaba a su hermana a través de unos grandes vidrios, Bella siempre fue su ejemplo a seguir, no se dejaba pisotear por nadie, y era muy decidida, se estaba desenvolviendo muy bien en la sala de juntas, los empresarios estaban muy asombrados, pero sabían que esa chica ya los tenía en la palma de la mano.
Dos horas después, los empresarios habían firmado el contrato multimillonario, Bella estaba que no alcanzaba de emoción, en el pasado consiguió contratos de muchos ceros, pero nunca como aquel.
Felicitaron a Charlie por tener una hija excelente, Bella se escabulló hacia la oficina de Jacob, pero antes de entrar, un dolor profundo en el abdomen la hizo detenerse, una mano se la puso en el abdomen, y con la otra intentó agarrarse de la pared.
Jacob estaba saliendo de su oficina, había escuchado que la reunión terminó, y quería darse una vuelta para ver en que había quedado todo, pero al abrir la puerta, se encontró con su hermana, retorciéndose del dolor, rápidamente la agarró en ambos brazos y la llevó dentro, la acostó en un sillón que ocupaba la mitad de la pared, ahora si iba a exigir que le pasaba, esperó a que se recuperara del dolor para preguntarle.
–Me dices o me dices que te pasa– Bella suspiró, sabía que Jacob iba a ser el primero en notarlo, además no tenía sentido ocultarlo por más tiempo, tarde o temprano se iban a dar cuenta.
–Estoy embarazada– Soltó de corrido, Jacob abrió los ojos como platos, balbuceó un par de incoherencias, todavía no procesaba lo que su hermana le dijo, ¡estaba embarazada!.
–¡Felicidades!– Gritó y la abrazó fuertemente, pero no se esperaba la reacción de su hermana, se puso a llorar en su hombro, lentamente se separó de ella y la miró a los ojos, sus mejillas estaban bañadas de lágrimas, se le hizo un nudo en el estómago.
Lágrimas en las mejillas de una mujer, se convierten en tatuajes de dolor en el corazón de un hombre.
–El doctor… me dijo… que– Bella no podía habar bien, debido al llanto, y más doloroso aún, era decir lo que seguía– Es muy probable que aborte el bebé– Jacob se quedó congelado en el lugar, pero debía ser fuerte para su hermana, intentó reconfortarla diciéndole palabras de ánimo en el oído, pero eso no lo reconfortaba a él. Le dolía mucho lo que le dijo Bella, nunca se imaginó que pasaría por una situación como esa.
–Estoy seguro de que no pasará– Habló esta vez más fuerte, aún seguía abrazando a su hermana.
–Lo peor de todo, es que Edward no querrá al bebé, ambos tenemos mucho trabajo, pero el es doctor, casi nunca está en casa, y va a pensar que el bebé le va a quitar tiempo– Edward era muy apegado a su trabajo, a veces hacia turnos dobles, Bella nunca le reclamó nada, pero le dolía que casi nunca estuviera con ella.
–No creas eso, amará tanto el bebé como tú– Bella le explicó a Jacob detalladamente lo que le dijo el doctor, no quería darse falsas ilusiones, pero Jacob la alentó para que le dijera a Edward.
Pasaron el resto del día hablando de trivialidades, esta vez, Jacob miraba a Bella un poco más animada, pero aún era duro para ella aceptar que podría perder al bebé que llevaba dentro. Bella aún no podía creer que le hubiera contado a Jacob, pero necesitaba sacarse ese peso de encima.
Cuando fue hora de salir, Jacob prometió ir a visitar lo más pronto posible a su casa, Leah estaba un poco enferma, y necesitaba que la cuidaran, Bella aceptó, pero le hizo jurar que sería lo más pronto posible. Ambos hermanos se despidieron de su padre, y justamente Renée estaba ahí, saludaron a su madre, y se fueron a sus respectivos autos. Se despidieron y Bella dijo que ese mismo día le daría la noticia a Edward, entraron a sus coches, y partieron a sus casas.
Bella al llegar, se le antojo atún con maíz, para muchos seria una rara y asquerosa combinación, pero para ella era una exquisitez. Entró a su casa, y se dio cuenta de que no había nadie, estaba todo oscuro, subió las escaleras y se cambió de ropa, poniéndose un traje deportivo, volvió a bajar las escaleras dirigiéndose hacia la cocina. Buscó en el refrigerador y ¡bingo!, había atún y maíz, de reojo miró el envase de mayonesa dietética, también se le antojaba comer, juntó todas las cosas y las vertió en un bol, con una cuchara las mezclo y comió directamente del bol.
Cuando iba por la mitad, escuchó como la puerta principal era abierta, en ese momento supo que la hora de la verdad estaba cerca. Edward asomó la cabeza por la puerta de la cocina, y le sonrió dulcemente a su esposa, pero hizo una cara de asco al ver lo que estaba comiendo.
Si me dieran la oportunidad de escoger otra vez, te escogería a ti sin pensarlo otra vez.
Se acercó a Bella, cada paso que daba, un retorcijón se producía en el estómago de Bella. Cuando Edward llegó a su lado, le robó un casto beso a Bella, esta vez ella no volteó la cara, mentiría si dijera que no había extrañado sus labios.
–¿Qué comes?– Le preguntó Edward, arrastrando una silla a la par de Bella.
–Mayonesa dietética, maíz y atún– Edward arrugó la cara al escuchar lo último, desde pequeño había odiado el aún, nunca le había gustad o el olor a pescado.
–¿Puedo preguntar porque lo comes?– Bella negó con la cabeza, metiéndose un gran bocado, Edward río.
–Esh muy rico– Habló Bella con la boca llena, a percatarse de lo que hizo, un adorable sonrojo se le extendió por la cara.
–Me encanta tu sonrojo– Le pasó una mano delicadamente por la mejilla, se contemplaron unos segundos a los ojos, Bella sabía que era el momento para decir la verdad, hizo el bol a un lado, suspiró profundamente y se preparo para decirlo.
–Tenemos que hablar– "No le puedo soltar de un solo'estoy embarazada' eso sería matarlo de un paro cardiaco" Pensó Bella internamente. Edward se tensó notoriamente, no quería que Bella le diera una mala noticia, pero soportaría cualquier cosa que saliera de esos hermosos labios.
–Dime– La alentó, Bella empezó haciendo preguntas acerca del embarazo, Edward las contestó haciendo el rol médico, aún sin saber a que venía el tema.
–Ajá, ¿qué pensarías tú si te dijera que estoy embarazada?– Bella entrelazo los dedos de sus manos y las dejó en su regazo. Edward estaba en shock, no podía creer lo que Bella le estaba preguntando, ¿qué pensaría él, si le dijera que estaba embarazada?, salió de su letargo al escuchar un " y bien", provinente de Bella.
–¿Qué haría?– Murmuró para el mismo– La llenaría de regalos, le daría tolo lo que ella me pidiera, jugaría con ella– A Bella se le iluminaron los ojos al escuchar hablar así a Edward.
–Enhorabuena, estoy embarazada– Edward la miró sin creerlo, un bebé de ambos, una mini Bella, se imaginaba, con el cabello, ojos, piel y labios, todo de ella, una pequeña clon de Bella.
–¿Enserio? – Le preguntó, Bella asintió con la cabeza, Edward se levantó de la silla y la abrazó, al igual que con Jacob, Bella se puso a llorar, le tenía que confesar a Edward la peor parte.
–Puede que pierda al bebé– Edward le acarició el cabello, y le pidió que le contara todo, la llevó a la sala y se sentó con ella– Dice el doctor que tengo un mese de gestación– Miró hacia el suelo, pero Edward le levantó la barbilla y la obligó a verlo– El latido del corazón es muy débil, y que es muy posible de que tenga un aborto espontáneo, cuando llegue al hospital, el bebé ya estará muerto, y yo correré peligro – Edward no creía sus palabras, hace poco le había dicho que estaba embarazada, y ya se había hecho una idea, perder a ambos, sería como perder su corazón, él daría su vida por cualquiera de ellos.
–No te preocupes, no perderemos al bebé– Le prometió, Edward le sonrió muy felizmente. Al igual que Jacob, se tenía que mantener fuerte ante Bella– Por eso estabas tan rara en la mañana– Bella le contestó que si, no sabía como iba a reaccionar ante aquella noticia.
La noción del tiempo se nos escapa de las manos y no nos damos cuenta.
El tiempo pasó, Bella ya tenía tres hermosos meses de embarazo, todavía no se le notaba mucho, pero Edward estaba más que emocionado con la muy pequeña protubetancia que sobresalía. Ambas familias, Cullen y Swan, se tomaron la noticia como anillo al dedo, estaban más que felices.
–¡Bella!– Llamó Edward a su esposa, tenía una conferencia muy importante en Londres, y su avión partía en dos horas, necesitaba como el aire, despedirse de Bella.
–Ya voy, ya voy– Bella se apareció en la sala, con un gran tazón de leche condensada y chocolate, todos los presentes hicieron una mueca, pero Bella los ignoró olímpicamente.
–Nos vemos dentro de tres días– Le dijo Edward, acercándose para darle un dulce beso en los labios, se agachó a la altura de su estómago y depositó un beso ahí– Nos vemos bebé, cuida a tu madre– Los hermanos de Edward, Alice y su esposo Jasper, Emmett y su esposa Rosalie, miraron anodados la escena, suspiraron al mismo tiempo y exclamaron "que tierno", al dares cuenta de lo que hicieron, se pusieron a reir.
–Se pusieron melosos, mejor ya vamonos– Exclamó Emmett, por ser muy grande y musculoso, se creía el muy macho, pero la verdad es que tenía un corazón de niño.
–Nos vemos Bella– Volvió a despedirse Edward, saliendo por la puerta principal, seguido de sus hermanos.
Al siguiente día, Bella fue a su trabajo. Había tenido dos meses de vacaciones, y de su trabajo se había hecho cargo Jacob, el pobre estaba desesperado, para quitarle un poco de trabajo, Bella se ofreció a ayudarlo, Jacob aceptó encantado.
Cuando llegó, toda la empresa la felicito, ella muy sonrojada, les dio las gracias, se dirigió a la oficina de Jacob, al entrar, miró que tenía papeles por todos lados, se sentó en el sillón, y ayudó a Jacob firmando papel tras papel.
Durante todo el día, un interminable dolor se le extendía en el abdomen, no le presto mucha atención, pero cuando se disponía a levantarse, gritó del dolor, miró hacia el suelo, y se sorprendió al ver la alfombra manchada de sangre, Jacob contempló lo que le estaba pasando a su hermana, sin importarle los papeles, los tiró a un lado y agarró a Bella en brazos.
Corrió lo más rápido que pudo hacia su auto, Bella cada segundo que pasaba, su dolor se hacía más agudo, quería que le dejara de doler, pero sabía que el dolor físico no era nada, comparado al dolor que sentiría al llegar al hospital.
Jacob llegó lo más rápido posible, por el tráfico, hacia el hospital, volvió a agarrar a Bella en brazos, y la llevó a la sala de emergencies. Gracias a Dios, Carlisle, el padre de Edward, Estaba de turno, atendieron rápidamente a Bella.
Durante el trayecto, el dolor había hecho desmayar a Bella, no sentía nada. Tal y como lo dijo el doctor, al llegar al hospital, el bebé ya estaba muerto, y Bella en un estado delicado.
No perdiste a nadie, el que murió, simplemente se nos adelantó, porque para allá vamos todos. Además lo mejor de él, es que el amor sigue en tu corazón.
Jacob había avisado a todos, y se encontraban apiñados en la habitación que tenía Bella, decidieron no decirle a Edward, hasta que llegara de su conferencia. Carlisle había sedado a Bella, cuando despertara tendría mucho dolor, y era mejor tenerla en reposo mucho tiempo posible.
Pasaban las horas y Bella despertó, lo ultimo que recordaba era que Jacob la llevaba en el auto,nada mas , preguntó lo que pasaba, pero nadie se digno a responderle, y entonces se acordó lo que le dijo el doctor.
–¿Dónde está mi bebé?– Inconcientemente se llevó la mano hacia el abdomen, y se sintió morir, al notar que la pequeña protuberancia ya no estaba– ¿¡Dónde está mi bebé?– Exclamó esta vez más alto, en ese momento Carlisle entró a la habitación.
–Lo siento Bella– Esas tres palabras, rompieron el corazón de Bella en mil pedazos.
Su bebé, su bebé ya no estaba, ese pequeño ser que nacía dentro de ella, se había ido. Sus ojos se le llenaron de lágrimas, se llevó ambas manos al rostro, quería gritar, pero no salía nada de su boca. Empezó a derramar lágrimas silenciosas, Jacob se acercó a ella y la abrazó, Bella se aferró a él como si su vida dependiera de ello, lloró como si nunca la hubiera hecho, gotas por cascadas salían sin permiso por sus ojos, se odiaba por no cuidar a su bebé, por no ser una buena madre, y le dolía pensar, que era lo que le iba a decir Edward, sin duda, la odiaría él también.
Alice salió con los ojos anégados de lágrimas, debía ir a traer a su hermano, nadie le había dicho nada, era mejor que Bella se lo dijera. Llegó al aeropuerto y esperó por Edward, cuando lo divisó, no salió del auto, Edward se asombró ante eso, Alice era muy energética, desde pequeña saludaba a sus conocidos.
–Hola Alice– Saludó Edward al entrar al auto, Alice contestó un débil "hola", sin darle tiempo de contestar, arrancó en auto, dirigiéndose al lado contrario de la casa de Edward–¿Dónde vamos?– Preguntó al percatarse de que iban en sentido opuesto.
–Al hospital– Contestó simplemente Alice, Edward se alarmó ante esa afirmación, rogaba al cielo que nada le hubiera pasado a Bella o al bebé.
Cuando llegaron, Alice lo llevó a la habitación de Bella, cuando lo vieron, salieron y dejaron solos a Edward y Bella.
Bella se había dormido en el hombro de Jacob, lloró demasiado, que estaba muy cansada. Jacob le dio su lugar a Edward, recostó a Bella en la cama y Edward se acostó a la par de ella.
Pasaron algunas horas, antes de que Bella despertara, cuando miró a Edward se alarmó, y trató de explicar, pero la calmó diciéndole que estuviera tranquila, que le explicara cuando estuviera más relajada. Ambos suspiraron profundamente, y Bella le explicó a Edward con lujo de detalles. La reacción de él, no fue esperada por ella, le dijo que no importaba, por algo ese bebé se había ido.
Pero cuando Bella volvió a dormir, Edward se soltó en llanto, debió cuidar más a su esposa, nunca debió dejarla e irse a otro continente, al otro lado del mundo, si hubiera estado con ella, talvez no hubiera abortado espontáneamente.
Los días pasaron, y con ello aumentó el dolor de ambos, Bella precía un zombie andante, y Edward estaba opaco, sin el brillo que lo caracterizaba. Habían veces, Edward hacía turnos triples, y Bella se pasaba todo el día trabajando, aún más que antes.
El día de su aniversaio, Bella pensó sorprender a su esposo en el trabajo, según tenía entendido, su turno terminaba a las 8:00 de la noche, y aún eran las siete.
Cuando el reloj dio las 7:45, Bella salió de su trabajo y se dirigió hacia el hospital, preguntó en recepción donde podia encontrar a Edward, le contestaron que no sabían, pero podia esperarlo en el cuarto donde se cambiaban los doctores de turno, Bella asintió, le indicaron donde quedaban y se dispuso a ir, al abrir la puerta, el aire se le quedó atorado en los pulmones, y su corazón se detuvo por unos momentos.
Uno de los dolores más fuertes sin duda es la perdida de alguna persona que amas, pero el dolor más fuerte es ver a una persona que amas engañarte con otra.
Edward estaba con otra mujer, y sin nada de ropa , ninguno de los dos la miró, por estar entretenidos buscando en la boca del otro. Lentamente cerró la puerta, procurando no hacer nungún ruido.
Pasó nuevamente por recepción, y le preguntaron si había llegado al cuarto, contestó que no, la habían llamado del trabajo y tenía que presentarse inmediatamente.
Cuando Edward se estaba acomodando su ropa para irse, Tanya le dijo que alguien había entrado, temiendose lo peor salió, para su suerte ningún doctor había entrado, pasó por recepción.
–Dr. Cullen vino su esposa– No, no, no, ella no podia ser la que entró.
–¿Qué le dijo?– La recepcionista le contó todo, Edward suspiró libre al dares cuenta de que no había entrado, se despidió de la recepcionista y fue hasta su Volvo.
Esa había sido la única vez que estuvo con Tanya, unas cosas pasaron a las otras, y cuando se dio cuenta, se estaban acostando juntos.
Edward llegó a su casa, y notó que el auto de Bella estaba estacionado. Bajó del auto y entró, buscó a Bella con la mirada y la encontró con muchos papeles en la isla de la cocina.
Se acercó a ella y le dio un beso, pero Bella lo tomó por el cuello y profundizó más el beso.
–Sabes que te amo ¿cierto?– Le preguntó, Edward asintió y le dio otro beso.
–Yo te amo más– Le contestó, se sentó al lado de ella y le preguntó que estaba haciendo.
–Trabajo acumulado– Respondió simplemente, Bella se dio vuelta y lo miró a los ojos– Sabes que aunque no esté aquí, te cuidaré ¿verdad?– Edward asintió nuevamente extrañado– Y que pase lo que pase, siempre seras el amor de mi vida.
–¿Qué pasa?- Bella le sonrió reconfortante– Siento esto como una despedida.
–Todo es percepción amor, percepción– Se quedaron un rato más hablando, hasta que dio media noche, Edward estaba muy cansado, aunque tenia que decirle a Bella lo que pasó con Tanya, pero decidió dejarlo para otro día, se despidió de Bella y se fue a dormir.
Bella esperó a que Edward estuviera dormido, para llevar a cabo su decisión, esperó una hora, mienstras tanto escribía una carta, le envió mensajes de texto a todos sus amigos y familiares.
Se levantó de la silla y buscó un cuchillo filoso, "dos cortes, solo dos cortes y nada más" se decía internamente, pasó la punta del dedo índice por el cuchillo, y el de cortar carne era perfecto. Estiró una mano, y se hizo un corte profundo en la muñeca izquierda, y luego se hizo otro en la muñeca derecha.
Calculó todo, Jacob iba a recibir su mensaje y llegaría lo más rápido posible, pero él era el que vivía más cerca, a unos 20 minutos, durante ese tiempo, le daba lugar para que la sangre corriera libremente por todo el lavabo.
Edward despertó al escuchar los gritos de personas dentro de su casa, rápidamente bajó las escaleras y su corazón no soporto la imagen que miraba. Bella, su Bella, el amor de su vida, estaba en el piso, con las manos llenas de sangre, y su cuerpo inerte.
Cayó al piso de rodillas y empezó a llorar, miró a un lado de la isla de la cocina, y miró un papel, se lavantó y lo recogió, era la letra infantil de Bella.
"Hola… bueno no se supone que deba decir hola, pero ya que. Sé que todos se preguntarán porque hice esto, y creo que debo darles una explicación. Desde que murió mi bebé entré en un estado zombie, cuando más necesite a mi esposo, este me dio la vuelta, se que estaba igual que yo, pero juntos hubiermos podido seguir adelante, pero no, ambos nos sumimos en un abismo sin salida. Cuando traté de buscarte para mejorar las cosas, te vi con otra, no sabes lo que sentí, casi me muero, por eso tomé esta decisión, por favor, no lloren por mí, deben saber que estoy en un mundo mejor, sin miedos ni problemas, algún día nos encontraremos aquí, o eso espero, sean felices, y no tengan miedo a decir lo que piensan. Jake, cuida a nuestros padres y a Leah, ellos dependen de tí, y los Cullen, sean siempre iguales, nunca cambien, y Edward, te amo mi vida, pase lo que pase, te amo"
Ahora Edward en su lecho de muerte, recuerda la carta escrita por Bella, nunca supo que se hizo, por eso la recuerda "lo que el viento se llevó".
El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional.
Nuestro prado
Edward mira al prado y puede sentir como el aire mueve su cabello y como pega contra su cara y brazos.
Si alguien lo mirara así, diría que está tranquilo y que se ve más hermoso de lo común, pero el sufre, sufre más de lo que alguien haya sufrido jamás, más sin embargo, sufre por la misma razón por la que muchos lloran: amor.
Pero esta vez no es por amor no correspondido o por un rompimiento, es por un amor fugado. Un amor distinto, un amor sin igual. Pero, su Bella ha muerto.
Cuando la conoció se preguntaba:
"¿Podrá un corazón muerto y frío volver a latir?"
Pero 70 años después:
"¿Podrá un corazón muerto y frío volver a morir?"
Venir al prado no había sido buena idea, esto traía "buenos recuerdos".
Como la primera vez que Bella lo vio brillar como un diamante, su primer beso, la primera vez que hicieron el amor, sin duda muchas primeras veces pero esta sería la última.
Sería la última vez que visitaría el prado, la última vez que sentiría a Bella así de cerca, la última vez que pisaría este mundo.
Edward puede recordar perfectamente cada segundo que pasó con Bella, sonríe y una lágrima imposible quiere escapar de sus ojos.
-¡Maldita sea, Bella! ¡No sabes cómo te necesito! –grita lo más fuerte posible con voz entrecortada.
Sabe que su Bella está allí, aunque no la vea, puede oír los latidos frenéticos de su corazón, puede sentir el olor dulzón de su sangre y el roce de las suaves puntas de sus dedos contra las mejillas de Edward.
Edward recuerda cada centímetro de la piel de ella, la piel joven lisa y tersa, y, la piel arrugada, pero igualmente suave. Aunque ella haya cambiado, sus ojos seguían siendo iguales, de un chocolate muy intenso, y eran tan intensos que no podía sacarlos de su mente.
Estaba estúpidamente enamorado y ella ya no estaba, pero en unos momentos el estaría de nuevo a su lado.
Si, si estaba loco, pero ella era la que lo hacía sentir así.
Si alguien lo mirara así, diría que está tranquilo y que se ve más hermoso de lo común, pero el sufre, sufre más de lo que alguien haya sufrido jamás, más sin embargo, sufre por la misma razón por la que muchos lloran: amor.
Pero esta vez no es por amor no correspondido o por un rompimiento, es por un amor fugado. Un amor distinto, un amor sin igual. Pero, su Bella ha muerto.
Cuando la conoció se preguntaba:
"¿Podrá un corazón muerto y frío volver a latir?"
Pero 70 años después:
"¿Podrá un corazón muerto y frío volver a morir?"
Venir al prado no había sido buena idea, esto traía "buenos recuerdos".
Como la primera vez que Bella lo vio brillar como un diamante, su primer beso, la primera vez que hicieron el amor, sin duda muchas primeras veces pero esta sería la última.
Sería la última vez que visitaría el prado, la última vez que sentiría a Bella así de cerca, la última vez que pisaría este mundo.
Edward puede recordar perfectamente cada segundo que pasó con Bella, sonríe y una lágrima imposible quiere escapar de sus ojos.
-¡Maldita sea, Bella! ¡No sabes cómo te necesito! –grita lo más fuerte posible con voz entrecortada.
Sabe que su Bella está allí, aunque no la vea, puede oír los latidos frenéticos de su corazón, puede sentir el olor dulzón de su sangre y el roce de las suaves puntas de sus dedos contra las mejillas de Edward.
Edward recuerda cada centímetro de la piel de ella, la piel joven lisa y tersa, y, la piel arrugada, pero igualmente suave. Aunque ella haya cambiado, sus ojos seguían siendo iguales, de un chocolate muy intenso, y eran tan intensos que no podía sacarlos de su mente.
Estaba estúpidamente enamorado y ella ya no estaba, pero en unos momentos el estaría de nuevo a su lado.
Si, si estaba loco, pero ella era la que lo hacía sentir así.
Se le apago la luz
Siempre había conducido de esa manera… no había razón para ningún accidente, ¿por qué hoy? Esto no estaba pasando…sentía la sangre en mi nuca, pero estaba lo suficientemente desorientado como para poder entender cualquier cosa, hasta que de pronto todo regresó de golpe…Bella…
Quería ir hasta donde ella se encontraba, encontrarla, pero no tenía mucho qué hacer, ni siquiera sabía dónde me encontraba yo. ¿Qué había hecho…?
Pude alzar levemente la cabeza, empezando a ser consciente de mi cuerpo. La cabeza me dolía demasiado, pero dolía más cierto punto en mi pecho…era mi corazón que se oprimía por la desesperación, ¿dónde estaba Bella? Despacio empecé a ubicar el lugar, un intenso olor a gasolina me llenó las fosas nasales; el Volvo estaba volteado a unos tres metros de mí. ¿En qué momento me salí del carro?
Traté de encontrar a Bella allí adentro, pero el carro estaba vacío. Todo estaba demasiado oscuro pero algunas luces, rojas y azules, me daban cierta visibilidad. Miré cómo donde yo me encontraba se empezaba a formar un charco, viscoso, caliente y rojo; fue entonces cuando entendí que mi cabeza sangraba demasiado. Y ahí, a tan sólo dos metros de mí mezclando su sangre con la mía…estaba ella.
Su cabello estaba expandido en el pavimento, empapándose de aquella sustancia roja; la posición de su cuerpo era completamente extraña, no era natural, traté de acercarme a ella pero me congelé, sentí como cada parte de mi cuerpo se helaba cuando la escuche sollozar, pronunciando mi nombre:
"Edward…"
Su voz sonaba rota, asustada, ella estaba tan desorientada como yo, además de que seguro estaría lastimada, demasiado lastimada. Ella también se había salido del auto.
"Edward..."
¿Qué demonios fue lo que hice…?
Me di cuenta que las luces azules y rojas eran de una patrulla…lo que yo necesitaba era una ambulancia, necesitaba que vieran la salud de Bella, que…acomodasen su cuerpo, que la salvaran, ¿por qué demonios no había una jodida ambulancia?, ¿dónde estaba la camilla en donde la acomodarían? ¿Por qué no lograba escuchar la sirena de una ambulancia, lisstos todos para atenderla? ¡¿Por qué tardaban tanto!
Traté de acercarme más, quería tener una prueba más fuerte y palpable que su voz llamándome de que estaba viva, quería escuchar aquel músculo maravilloso que hacía años ya me había entregado, el que era la razón de mi vivir…quería escuchar su corazón, necesitaba hacerlo; en estos momentos mi vida dependía de poder sentir su respiración cerca de mí.
Si la hubiera escuchado…Bella siempre tenía este temor por mi manera de conducir. Alegaba que no había ninguna prisa; "más valía tarde que nunca". Ahora entendía perfectamente el significado tan profundo de estas cinco sencillas palabras.
No quería pensar en eso, no quería pensar en el "nunca volveré a verla", "nunca volveré a besarla", "nunca volverá a gritarme", "nunca volveremos a discutir", "nunca volveremos a hacer el amor".
Nunca, nunca nunca...
...nunca era una palabra de la cual no quería saber na...
Por fin la ambulancia llegó, los paramédicos montaron a Bella y yo detrás de ella, no podía si quiera pensar en separarme de ella.
Una vez dentro de la ambulancia, los paramédicos insistían en que yo necesitaba ser tratado también, necesitaban vendar mi cabeza, necesitaban que, al llegar al hospital, permitiera que me hiciesen unas radiografías para saber el daño que había tenido mi lesión.
Ni siquiera se atrevieron a preguntármelo de nuevo; después de que detuvieran el sangrado en alguna parte de mi cabeza, no permití que me hicieran nada más. La fría mirada que les dediqué habló suficiente como para dejarles en claro que mis intenciones eran única y específicamente quedarme junto a Bella.
El dolor en mi cabeza era insoportable, pero no había lugar en mis pensamientos para eso, lo único que tenía claro era la cálida mirada que mi novia me dedicaba. No había ningún tipo de reproche, sólo amor, el amor que siempre me había dedicado y que yo estúpida e irresponsablemente estaba poniendo en peligro…Bella tenía que vivir.
¿Por qué no me gritaba? Tenía que decirme un "te lo dije", tenía que decirme que por mi culpa ella ahora estaba en esta situación, tenía que reprocharme el hecho de que, aunque fue mi error, era ella la que estaba en la camilla...pero no lo hacía.
La ambulancia iba muy rápido. Yo no sabía si enojarme o agradecerlo; nosotros acabábamos de tener un accidente por el exceso de velocidad, y ahora estos hombres nos llevaban a no menos de 120 Km. /hr., pero en estos momentos la velocidad sí era esencial, se trataba de salvarle la vida a Bella, de asegurarnos de que su corazón seguiría latiendo por muchos años más, de salvar al amor de mi vida, no en mi caso que lo hacía por imbécil, por irresponsable, por un sentimiento de superioridad al saberme tan bueno conduciendo, porque adoraba verla haciendo pucheros cuando no le hacía caso.
Ahora se demostraba lo patético que había sido al conducir…era un idiota y ahora el amor de mi vida estaba en una camilla debatiéndose entre la vida y la muerte. La tomé de la mano y sonrió, cerrando por primera vez los ojos. Le dio un firme apretón a mis dedos mientras seguía sin borrar aquella hermosa sonrisa y sin abrir los ojos. Me partía el corazón la sola idea de que jamás volviera a abrirlos.
–Resiste, Bella, resiste, ya no falta mucho para llegar, tienes que ser fuerte, tienes que estar aquí para mí, tienes que abrir los ojos, tienes que quedarte a mi lado…no puedes dejarme, Bella, por favor resiste… –los sollozos no me dejaban hablar muy claramente, pero sabía que ella me escuchaba con el corazón… ella tenía que resistir.
Traté de concentrar mi mente en cosas un poco más felices, verme calmado para que ella lograra estar bien, aunque aquí ella se veía mucho más relajada que yo. Recordé la primera vez que la besé, en su casa:
"¡Feliz cumpleaños, Bella!", aquél día era su cumpleaños número diecisiete. Tenía más de lo que podía recordar enamorado de ella, pero siempre habíamos sido amigos, por lo que la veía tan inalcanzable…pero ese día me decidí: le diría lo que sentía, y esperaría que al menos ella no me alejara de su lado y que me permitiera seguir siendo su amigo.
"¡Calla, Edward!, sabes que detesto esta fecha…" me dijo ruborizada mirando al rededor, como si alguien fuera a escucharnos. Mi pequeña siempre había sido tan extraña…
"Vamos, Bella, no hay nadie en tu casa. Pensaste que te ibas a librar de tu regalo y de mi felicitación faltando a clases, pero se te olvidó que yo soy necio…te traje un regalo…", recuerdo que los ojitos de mi niña se abrieron, primero con sorpresa, para después entrecerrarse con un evidente disgusto. Miró a mi alrededor, seguramente buscando aquel regalo, pero no lo pudo encontrar. Me encaró de nuevo y agrego:
"Detesto los regalos, Edward, lo sabes perfectamente. No debiste haber gastado nada en…", la silencié con mis dedos, sintiéndome por un momento embargado por el calor de sus labios. Ese día estaba tan nervioso que no sé cómo no se dio cuenta.
"No me he gastado ni un solo centavo, Bella. Ahora, como no quiero que arruines mi regalo, quiero que cierres los ojos hasta que yo cuente tres, ¿vale?" le dije tratando de sonar sereno. Mi voz se parecía al sonar de una maraca cuando la agitas. Sólo Bella podía ser tan distraída para no notar que mi frente claramente comenzaba a ser surcada por algunas gotas de sudor…o al menos eso imaginaba yo.
"Uno…" le dije, tragando saliva. mi garganta estaba seca y mi corazón acelerado. Me acerqué a ella con extrema lentitud, degustándome con su carita; sus ojos fuertemente apretados y sus labios entreabiertos. "Dos…" volví a decir, sin despegar mi vista de sus hermosos labios. Estaba a unos tres centímetros de distancia de ella, por supuesto no iba a contar hasta tres, sólo la iba a besar…y eso hice.
La besé con suma delicadeza, sentí cómo ella se tensaba para después relajarse y poner sus brazos alrededor de mi cuello; después de los minutos más hermosos que había vivido hasta entonces, me separé de ella. La miré expectante, esperando que me gritara. Pero no, estaba visible y hermosamente sonrojada; bajó la mirada.
En un intento de aligerar la tensión, traté de hacerla reír:
"¿Tres…?" le dije, haciendo que sonara como a pregunta, rezando que de verdad resultara un poco gracioso. Funcionó, Bella se puso a reír para después agregar las palabras más hermosas…
"¿Por qué tardaste tanto, bobo?, no sabes cuánto tiempo he esperado porque te dieras cuenta…te amo…"
Hoy, casi cinco años después de aquel día, seguía amándola con la misma intensidad…y sabía que ella también.
Llegamos al hospital, la trasladaron a urgencias y traté de seguirla en la camilla, pero no me dejaron pasar. Un doctor insistió en atenderme, pero yo no tenía tiempo para él, necesitaba que me dieran razón de Bella.
Desistió de su labor una vez le dije que me dejaría atender por mi padre cuando éste llegara. Durante el camino le había marcado a la familia de Bella y a la mía para que estuvieran aquí; más pronto de lo que imaginé, los pequeños brazos de mi hermana rodearon mi cintura.
No era muy consciente de lo que pasaba, sólo sabía que mi padre ya me había llevado a alguna sala y me estaba revisando la cabeza. Al parecer el golpe me la había abierto, pero no era nada grave. Me maldije: ¿por qué yo estaba bien y ella estaba en urgencias? ¿Por qué si fui yo el que no tuvo conciencia, por qué si la irresponsabilidad fue mía? Ahora ella estaba ahí, demasiado grave y yo aquí, esperando y rezando que todo saliera bien, desesperado y con toda la culpa sobre mi espalda.
Pasaron horas, eternas horas hasta que un doctor salió, no lo reconocí a pesar de que mi padre trabajaba en este lugar, habló algo con Carlisle, unas cuantas palabras que nadie escuchó; mi padre lo siguió. Después de más tiempo, totalmente indefinible para mí, mi padre me tomó del hombro.
–Bella está consciente, y quiere hablar contigo…–no necesité que me dijera nada más, me levanté y corrí hacia la que sabía era su habitación. Cuando entré, mi corazón dejó de latir, me helé ante la imagen que tenía frente a mí:
Bella estaba con los ojos abiertos, mirando hacia la ventana de aquella habitación. Estaba más pálida de lo que alguna vez la había visto, habían demasiadas cosas conectadas a ella, aparatos, líquidos, agujas…y a pesar de todo eso, una infinita paz se plasmaba en aquel rostro que era el único capaz de robarme el aliento. Aun en ese estado, mi Bella era la mujer más hermosa…aun en ese estado, admiré su belleza.
Cuando se percató de mi presencia, giró su rostro con tanta parsimonia, una lentitud desgarradora; por cada milímetro que su rostro se movía, mi corazón se rompía. Me sonrió y con la voz débil pero segura me indicó que me acercara. Como un autómata, como su fiel servidor, como el ser que daría la vida por ella, como el hombre que la amaba, obedecí sin pensármelo dos veces.
Me senté a la altura de su estómago en la orilla de su cama y me incliné para besar, primero su frente, luego sus párpados y por último sus labios. Nos miramos por un tiempo más hasta que su sonrisa se transformó en una genuina risa, muy débil…
–Tu carro seguro quedó hecho puré –en ese momento lo que menos me importaba era mi carro–. Edward Cullen tendrá que comprar un auto nuevo, ¿eh?
Típico de Bella tratar de aligerar el momento con algún comentario así. Al menos ahora se veía más consciente…eso me hacía un poco más feliz, estaba despierta, pero por alguna razón ese nudo en mi garganta y ese dolor en mi pecho no desaparecían. ¿Era suficiente que estuviera despierta ahora?
–No es gracioso, Bella –le dije lo más serio que pude, pero cuando ella sonreía de esa manera me era imposible no responder con otra. Me quedé serio e hice lo que más importancia tenía en este momento: pedirle perdón–. Lo siento tanto, Bella, prometo jamás volver a conducir de esa manera, juro que siempre te haré caso, es más, de ahora en adelante conducirás tú; definitivamente hoy quedó demostrado que soy un completo imbécil –le dije, haciéndome quedar como el idiota que era. Sonreí, como hace unos momentos ella lo había hecho, bromeando sobre mi Volvo destruido, pero en cambio, Bella no lo hizo...
Conforme pronunciaba cada palabra, los ojos de mi niña se iban llenando de lágrimas...
¡No, mi ángel!, ¡no llores!
–Bella, no llores, por favor, no hagas esfuerzo…talvez debas descansar, yo vendré más tarde –su reacción me tomó por sorpresa. Planeaba dejarla dormir, iba a levantarme pero ella me detuvo.
–¡NO!, no te vayas, espera. Hay algo que tengo que decirte –su voz cada vez era más débil, y el reciente llanto sólo ayudó a que se le quebrara más. Con dificultad, tomó un poco de aire y después me miró con firmeza–. Quiero que sepas que siempre estuviste en primer lugar, siempre fuiste lo más importante en mi vida –estaba a punto de interrumpirla, esto sonaba a una despedida, y yo no pensaba hacer eso–, no me interrumpas, Edward, esto es importante. Carlisle me acaba de decir…estoy lúcida por estos momentos…porque…son los últimos. Quiero que me prometas…por favor, Edward, déjame terminar…quiero que me prometas que vas a seguir adelante, por mí, que no te vas a rendir, llévame siempre en tu corazón pero tienes que seguir. Si para seguir es preciso que me olvides, entonces hazlo, ¿me escuchaste? Tú tienes que seguir – ¿Por qué Bella hacía esto? Me lo decía llorando, se estaba despidiendo de mí, pero yo no podía reaccionar. Esas palabras eran unas que yo no quería escuchar jamás. El día que nos despidieramos sería abrazados en una cama, con la edad suficiente para haber visto a nuestros nietos crecer. Hoy no era el día–. Prométemelo...
–Bella…no entiendo…
– ¡Sólo promételo, Edward! –mi cabeza no funcionaba bien en ese momento, pero como siempre sucedía, yo no le podía negar nada.
–Te lo prometo, Bella. Te amo…
Pensaba decir muchas más cosas, quería decirle que ella también era mi vida, que si alguna vez creyó que no era así, estaba equivocada, siempre ocupó el primer lugar de mi lista, quería pedirle perdón si es que alguna vez la había herido, quería pedirle perdón por lo de hoy, quería pedirle perdón y decirle mil veces cuánto la amaba, quería besarla…pero en cuanto pronuncié "Te lo prometo, Bella. Te amo…", cerró los ojos, sonrió de la manera más hermosa que jamás lo había hecho y el holter comenzó a sonar de manera frenética.
Las enfermeras y los doctores entraron mientras mi padre trataba de sacarme de ahí. Cerraron las cortinas para que yo no pudiera ver lo que ahí pasaba. ¿Qué demonios hacía Carlisle aquí conmigo?, ¿por qué no estaba tratando de salvar a Bella? ¡Se suponía que él debia estar ahí, haciendo que su corazón siguiera latiendo!
–¡Sálvala, papá! –los sollozos sacudían mi cuerpo de una manera que ni la fuerza de mi padre podía controlar. No iba a salir de aquí hasta saber que Bella estaba bien, pero como si ella hubiera leído mis pensamientos y quisiera que de una vez por todas saliera de ahí y "cumpliera mi promesa", el holter dejó de sonar. Eso sólo significaba una cosa…su corazón había dejado de latir. Ella ya no estaba en aquella habitación, su cuerpo seguía recostado allí...pero Bella no. Ella estaba muerta...
–Es tarde, Edward, es tarde, vámonos… -la voz quebrada de mi padre corroboró lo que mi mente se negaba a admitir. Bella estaba muerta...
Muerta...
3 años después…
– ¿Cómo estás, amor? Ya sé que debes estar harta de tenerme aquí al menos una vez por semana, talvez debería dejarte descansar en paz, pero de verdad me gusta hablar contigo. ¿Sabes? Hoy se cumplen tres años desde ese día, y he de admitir que el dolor es el mismo, aunque ya puedo respirar sin dificultad. ¿Te acuerdas de los primeros meses que venía aquí? Ni siquiera podía hablar… –solté una ligera risa, recordando el espectáculo que daba. En esos momentos no me importaba demasiado.
–Sé que debes estar molesta conmigo. Te prometí seguir, y juro que sí trato, pero esa chica simplemente no me gustaba. Sé que hubieses querido que le diera una oportunidad, talvez es una mucha que sí vale la pena, pero de verdad…simplemente no me gusta; te prometo que cuando llegue a gustarme de verdad, aunque sea la décima parte de lo que me gustas tú, la dejaré entrar. Aunque he de confesarte que hay cierta dama en el trabajo con la que me gusta pasar el tiempo. Es muy amable, su nombre es Ángela y su compañía me resulta bastante grata…no sé, talvez algún día se dé algo. Serás la primera en saberlo. Bueno, Bella, hoy vine a verte rápido, me gustaría quedarme más tiempo, pero la verdad es que hay una pequeña en el hospital que tiene terapia dentro de una hora, así que tengo que apresurarme. La pobre chiquilla tuvo un accidente mientras montaba su bici y ahora está parapléjica. Trataré de venir lo más pronto posible. Te amo, Bella.
Edward besó el cemento de aquella lápida, bajo la cual descansaban los restos del amor de su vida. No derramó ni una sola lágrima, esa etapa ya había pasado, no había más arrepentimiento, lo único que en ese corazón vivía, era el grato recuerdo de que alguna vez fue la persona más feliz del mundo, de que alguna vez lo amaron de una manera tan intensa que no hay palabras para describirlo. No más dolor, puro amor.
Se puso de pie y se encaminó hacia su auto para atender a aquella pequeñita. Su velocidad no era mayor a los 70 Km. / hr.
La muerte llega a sorprendernos cuando menos lo imaginamos, no avisa, nunca llama a la puerta, maleducada e impredecible simplemente arrasa con lo que más amamos, pero está en nosotros decidir si nos hundimos en la tristeza...o vivimos por ambos. Edward vivía por ambos, Bella vivía dentro de él. Ella seguiría viva mientras él así lo hiciera también.
Quería ir hasta donde ella se encontraba, encontrarla, pero no tenía mucho qué hacer, ni siquiera sabía dónde me encontraba yo. ¿Qué había hecho…?
Pude alzar levemente la cabeza, empezando a ser consciente de mi cuerpo. La cabeza me dolía demasiado, pero dolía más cierto punto en mi pecho…era mi corazón que se oprimía por la desesperación, ¿dónde estaba Bella? Despacio empecé a ubicar el lugar, un intenso olor a gasolina me llenó las fosas nasales; el Volvo estaba volteado a unos tres metros de mí. ¿En qué momento me salí del carro?
Traté de encontrar a Bella allí adentro, pero el carro estaba vacío. Todo estaba demasiado oscuro pero algunas luces, rojas y azules, me daban cierta visibilidad. Miré cómo donde yo me encontraba se empezaba a formar un charco, viscoso, caliente y rojo; fue entonces cuando entendí que mi cabeza sangraba demasiado. Y ahí, a tan sólo dos metros de mí mezclando su sangre con la mía…estaba ella.
Su cabello estaba expandido en el pavimento, empapándose de aquella sustancia roja; la posición de su cuerpo era completamente extraña, no era natural, traté de acercarme a ella pero me congelé, sentí como cada parte de mi cuerpo se helaba cuando la escuche sollozar, pronunciando mi nombre:
"Edward…"
Su voz sonaba rota, asustada, ella estaba tan desorientada como yo, además de que seguro estaría lastimada, demasiado lastimada. Ella también se había salido del auto.
"Edward..."
¿Qué demonios fue lo que hice…?
Me di cuenta que las luces azules y rojas eran de una patrulla…lo que yo necesitaba era una ambulancia, necesitaba que vieran la salud de Bella, que…acomodasen su cuerpo, que la salvaran, ¿por qué demonios no había una jodida ambulancia?, ¿dónde estaba la camilla en donde la acomodarían? ¿Por qué no lograba escuchar la sirena de una ambulancia, lisstos todos para atenderla? ¡¿Por qué tardaban tanto!
Traté de acercarme más, quería tener una prueba más fuerte y palpable que su voz llamándome de que estaba viva, quería escuchar aquel músculo maravilloso que hacía años ya me había entregado, el que era la razón de mi vivir…quería escuchar su corazón, necesitaba hacerlo; en estos momentos mi vida dependía de poder sentir su respiración cerca de mí.
Si la hubiera escuchado…Bella siempre tenía este temor por mi manera de conducir. Alegaba que no había ninguna prisa; "más valía tarde que nunca". Ahora entendía perfectamente el significado tan profundo de estas cinco sencillas palabras.
No quería pensar en eso, no quería pensar en el "nunca volveré a verla", "nunca volveré a besarla", "nunca volverá a gritarme", "nunca volveremos a discutir", "nunca volveremos a hacer el amor".
Nunca, nunca nunca...
...nunca era una palabra de la cual no quería saber na...
Por fin la ambulancia llegó, los paramédicos montaron a Bella y yo detrás de ella, no podía si quiera pensar en separarme de ella.
Una vez dentro de la ambulancia, los paramédicos insistían en que yo necesitaba ser tratado también, necesitaban vendar mi cabeza, necesitaban que, al llegar al hospital, permitiera que me hiciesen unas radiografías para saber el daño que había tenido mi lesión.
Ni siquiera se atrevieron a preguntármelo de nuevo; después de que detuvieran el sangrado en alguna parte de mi cabeza, no permití que me hicieran nada más. La fría mirada que les dediqué habló suficiente como para dejarles en claro que mis intenciones eran única y específicamente quedarme junto a Bella.
El dolor en mi cabeza era insoportable, pero no había lugar en mis pensamientos para eso, lo único que tenía claro era la cálida mirada que mi novia me dedicaba. No había ningún tipo de reproche, sólo amor, el amor que siempre me había dedicado y que yo estúpida e irresponsablemente estaba poniendo en peligro…Bella tenía que vivir.
¿Por qué no me gritaba? Tenía que decirme un "te lo dije", tenía que decirme que por mi culpa ella ahora estaba en esta situación, tenía que reprocharme el hecho de que, aunque fue mi error, era ella la que estaba en la camilla...pero no lo hacía.
La ambulancia iba muy rápido. Yo no sabía si enojarme o agradecerlo; nosotros acabábamos de tener un accidente por el exceso de velocidad, y ahora estos hombres nos llevaban a no menos de 120 Km. /hr., pero en estos momentos la velocidad sí era esencial, se trataba de salvarle la vida a Bella, de asegurarnos de que su corazón seguiría latiendo por muchos años más, de salvar al amor de mi vida, no en mi caso que lo hacía por imbécil, por irresponsable, por un sentimiento de superioridad al saberme tan bueno conduciendo, porque adoraba verla haciendo pucheros cuando no le hacía caso.
Ahora se demostraba lo patético que había sido al conducir…era un idiota y ahora el amor de mi vida estaba en una camilla debatiéndose entre la vida y la muerte. La tomé de la mano y sonrió, cerrando por primera vez los ojos. Le dio un firme apretón a mis dedos mientras seguía sin borrar aquella hermosa sonrisa y sin abrir los ojos. Me partía el corazón la sola idea de que jamás volviera a abrirlos.
–Resiste, Bella, resiste, ya no falta mucho para llegar, tienes que ser fuerte, tienes que estar aquí para mí, tienes que abrir los ojos, tienes que quedarte a mi lado…no puedes dejarme, Bella, por favor resiste… –los sollozos no me dejaban hablar muy claramente, pero sabía que ella me escuchaba con el corazón… ella tenía que resistir.
Traté de concentrar mi mente en cosas un poco más felices, verme calmado para que ella lograra estar bien, aunque aquí ella se veía mucho más relajada que yo. Recordé la primera vez que la besé, en su casa:
"¡Feliz cumpleaños, Bella!", aquél día era su cumpleaños número diecisiete. Tenía más de lo que podía recordar enamorado de ella, pero siempre habíamos sido amigos, por lo que la veía tan inalcanzable…pero ese día me decidí: le diría lo que sentía, y esperaría que al menos ella no me alejara de su lado y que me permitiera seguir siendo su amigo.
"¡Calla, Edward!, sabes que detesto esta fecha…" me dijo ruborizada mirando al rededor, como si alguien fuera a escucharnos. Mi pequeña siempre había sido tan extraña…
"Vamos, Bella, no hay nadie en tu casa. Pensaste que te ibas a librar de tu regalo y de mi felicitación faltando a clases, pero se te olvidó que yo soy necio…te traje un regalo…", recuerdo que los ojitos de mi niña se abrieron, primero con sorpresa, para después entrecerrarse con un evidente disgusto. Miró a mi alrededor, seguramente buscando aquel regalo, pero no lo pudo encontrar. Me encaró de nuevo y agrego:
"Detesto los regalos, Edward, lo sabes perfectamente. No debiste haber gastado nada en…", la silencié con mis dedos, sintiéndome por un momento embargado por el calor de sus labios. Ese día estaba tan nervioso que no sé cómo no se dio cuenta.
"No me he gastado ni un solo centavo, Bella. Ahora, como no quiero que arruines mi regalo, quiero que cierres los ojos hasta que yo cuente tres, ¿vale?" le dije tratando de sonar sereno. Mi voz se parecía al sonar de una maraca cuando la agitas. Sólo Bella podía ser tan distraída para no notar que mi frente claramente comenzaba a ser surcada por algunas gotas de sudor…o al menos eso imaginaba yo.
"Uno…" le dije, tragando saliva. mi garganta estaba seca y mi corazón acelerado. Me acerqué a ella con extrema lentitud, degustándome con su carita; sus ojos fuertemente apretados y sus labios entreabiertos. "Dos…" volví a decir, sin despegar mi vista de sus hermosos labios. Estaba a unos tres centímetros de distancia de ella, por supuesto no iba a contar hasta tres, sólo la iba a besar…y eso hice.
La besé con suma delicadeza, sentí cómo ella se tensaba para después relajarse y poner sus brazos alrededor de mi cuello; después de los minutos más hermosos que había vivido hasta entonces, me separé de ella. La miré expectante, esperando que me gritara. Pero no, estaba visible y hermosamente sonrojada; bajó la mirada.
En un intento de aligerar la tensión, traté de hacerla reír:
"¿Tres…?" le dije, haciendo que sonara como a pregunta, rezando que de verdad resultara un poco gracioso. Funcionó, Bella se puso a reír para después agregar las palabras más hermosas…
"¿Por qué tardaste tanto, bobo?, no sabes cuánto tiempo he esperado porque te dieras cuenta…te amo…"
Hoy, casi cinco años después de aquel día, seguía amándola con la misma intensidad…y sabía que ella también.
Llegamos al hospital, la trasladaron a urgencias y traté de seguirla en la camilla, pero no me dejaron pasar. Un doctor insistió en atenderme, pero yo no tenía tiempo para él, necesitaba que me dieran razón de Bella.
Desistió de su labor una vez le dije que me dejaría atender por mi padre cuando éste llegara. Durante el camino le había marcado a la familia de Bella y a la mía para que estuvieran aquí; más pronto de lo que imaginé, los pequeños brazos de mi hermana rodearon mi cintura.
No era muy consciente de lo que pasaba, sólo sabía que mi padre ya me había llevado a alguna sala y me estaba revisando la cabeza. Al parecer el golpe me la había abierto, pero no era nada grave. Me maldije: ¿por qué yo estaba bien y ella estaba en urgencias? ¿Por qué si fui yo el que no tuvo conciencia, por qué si la irresponsabilidad fue mía? Ahora ella estaba ahí, demasiado grave y yo aquí, esperando y rezando que todo saliera bien, desesperado y con toda la culpa sobre mi espalda.
Pasaron horas, eternas horas hasta que un doctor salió, no lo reconocí a pesar de que mi padre trabajaba en este lugar, habló algo con Carlisle, unas cuantas palabras que nadie escuchó; mi padre lo siguió. Después de más tiempo, totalmente indefinible para mí, mi padre me tomó del hombro.
–Bella está consciente, y quiere hablar contigo…–no necesité que me dijera nada más, me levanté y corrí hacia la que sabía era su habitación. Cuando entré, mi corazón dejó de latir, me helé ante la imagen que tenía frente a mí:
Bella estaba con los ojos abiertos, mirando hacia la ventana de aquella habitación. Estaba más pálida de lo que alguna vez la había visto, habían demasiadas cosas conectadas a ella, aparatos, líquidos, agujas…y a pesar de todo eso, una infinita paz se plasmaba en aquel rostro que era el único capaz de robarme el aliento. Aun en ese estado, mi Bella era la mujer más hermosa…aun en ese estado, admiré su belleza.
Cuando se percató de mi presencia, giró su rostro con tanta parsimonia, una lentitud desgarradora; por cada milímetro que su rostro se movía, mi corazón se rompía. Me sonrió y con la voz débil pero segura me indicó que me acercara. Como un autómata, como su fiel servidor, como el ser que daría la vida por ella, como el hombre que la amaba, obedecí sin pensármelo dos veces.
Me senté a la altura de su estómago en la orilla de su cama y me incliné para besar, primero su frente, luego sus párpados y por último sus labios. Nos miramos por un tiempo más hasta que su sonrisa se transformó en una genuina risa, muy débil…
–Tu carro seguro quedó hecho puré –en ese momento lo que menos me importaba era mi carro–. Edward Cullen tendrá que comprar un auto nuevo, ¿eh?
Típico de Bella tratar de aligerar el momento con algún comentario así. Al menos ahora se veía más consciente…eso me hacía un poco más feliz, estaba despierta, pero por alguna razón ese nudo en mi garganta y ese dolor en mi pecho no desaparecían. ¿Era suficiente que estuviera despierta ahora?
–No es gracioso, Bella –le dije lo más serio que pude, pero cuando ella sonreía de esa manera me era imposible no responder con otra. Me quedé serio e hice lo que más importancia tenía en este momento: pedirle perdón–. Lo siento tanto, Bella, prometo jamás volver a conducir de esa manera, juro que siempre te haré caso, es más, de ahora en adelante conducirás tú; definitivamente hoy quedó demostrado que soy un completo imbécil –le dije, haciéndome quedar como el idiota que era. Sonreí, como hace unos momentos ella lo había hecho, bromeando sobre mi Volvo destruido, pero en cambio, Bella no lo hizo...
Conforme pronunciaba cada palabra, los ojos de mi niña se iban llenando de lágrimas...
¡No, mi ángel!, ¡no llores!
–Bella, no llores, por favor, no hagas esfuerzo…talvez debas descansar, yo vendré más tarde –su reacción me tomó por sorpresa. Planeaba dejarla dormir, iba a levantarme pero ella me detuvo.
–¡NO!, no te vayas, espera. Hay algo que tengo que decirte –su voz cada vez era más débil, y el reciente llanto sólo ayudó a que se le quebrara más. Con dificultad, tomó un poco de aire y después me miró con firmeza–. Quiero que sepas que siempre estuviste en primer lugar, siempre fuiste lo más importante en mi vida –estaba a punto de interrumpirla, esto sonaba a una despedida, y yo no pensaba hacer eso–, no me interrumpas, Edward, esto es importante. Carlisle me acaba de decir…estoy lúcida por estos momentos…porque…son los últimos. Quiero que me prometas…por favor, Edward, déjame terminar…quiero que me prometas que vas a seguir adelante, por mí, que no te vas a rendir, llévame siempre en tu corazón pero tienes que seguir. Si para seguir es preciso que me olvides, entonces hazlo, ¿me escuchaste? Tú tienes que seguir – ¿Por qué Bella hacía esto? Me lo decía llorando, se estaba despidiendo de mí, pero yo no podía reaccionar. Esas palabras eran unas que yo no quería escuchar jamás. El día que nos despidieramos sería abrazados en una cama, con la edad suficiente para haber visto a nuestros nietos crecer. Hoy no era el día–. Prométemelo...
–Bella…no entiendo…
– ¡Sólo promételo, Edward! –mi cabeza no funcionaba bien en ese momento, pero como siempre sucedía, yo no le podía negar nada.
–Te lo prometo, Bella. Te amo…
Pensaba decir muchas más cosas, quería decirle que ella también era mi vida, que si alguna vez creyó que no era así, estaba equivocada, siempre ocupó el primer lugar de mi lista, quería pedirle perdón si es que alguna vez la había herido, quería pedirle perdón por lo de hoy, quería pedirle perdón y decirle mil veces cuánto la amaba, quería besarla…pero en cuanto pronuncié "Te lo prometo, Bella. Te amo…", cerró los ojos, sonrió de la manera más hermosa que jamás lo había hecho y el holter comenzó a sonar de manera frenética.
Las enfermeras y los doctores entraron mientras mi padre trataba de sacarme de ahí. Cerraron las cortinas para que yo no pudiera ver lo que ahí pasaba. ¿Qué demonios hacía Carlisle aquí conmigo?, ¿por qué no estaba tratando de salvar a Bella? ¡Se suponía que él debia estar ahí, haciendo que su corazón siguiera latiendo!
–¡Sálvala, papá! –los sollozos sacudían mi cuerpo de una manera que ni la fuerza de mi padre podía controlar. No iba a salir de aquí hasta saber que Bella estaba bien, pero como si ella hubiera leído mis pensamientos y quisiera que de una vez por todas saliera de ahí y "cumpliera mi promesa", el holter dejó de sonar. Eso sólo significaba una cosa…su corazón había dejado de latir. Ella ya no estaba en aquella habitación, su cuerpo seguía recostado allí...pero Bella no. Ella estaba muerta...
–Es tarde, Edward, es tarde, vámonos… -la voz quebrada de mi padre corroboró lo que mi mente se negaba a admitir. Bella estaba muerta...
Muerta...
3 años después…
– ¿Cómo estás, amor? Ya sé que debes estar harta de tenerme aquí al menos una vez por semana, talvez debería dejarte descansar en paz, pero de verdad me gusta hablar contigo. ¿Sabes? Hoy se cumplen tres años desde ese día, y he de admitir que el dolor es el mismo, aunque ya puedo respirar sin dificultad. ¿Te acuerdas de los primeros meses que venía aquí? Ni siquiera podía hablar… –solté una ligera risa, recordando el espectáculo que daba. En esos momentos no me importaba demasiado.
–Sé que debes estar molesta conmigo. Te prometí seguir, y juro que sí trato, pero esa chica simplemente no me gustaba. Sé que hubieses querido que le diera una oportunidad, talvez es una mucha que sí vale la pena, pero de verdad…simplemente no me gusta; te prometo que cuando llegue a gustarme de verdad, aunque sea la décima parte de lo que me gustas tú, la dejaré entrar. Aunque he de confesarte que hay cierta dama en el trabajo con la que me gusta pasar el tiempo. Es muy amable, su nombre es Ángela y su compañía me resulta bastante grata…no sé, talvez algún día se dé algo. Serás la primera en saberlo. Bueno, Bella, hoy vine a verte rápido, me gustaría quedarme más tiempo, pero la verdad es que hay una pequeña en el hospital que tiene terapia dentro de una hora, así que tengo que apresurarme. La pobre chiquilla tuvo un accidente mientras montaba su bici y ahora está parapléjica. Trataré de venir lo más pronto posible. Te amo, Bella.
Edward besó el cemento de aquella lápida, bajo la cual descansaban los restos del amor de su vida. No derramó ni una sola lágrima, esa etapa ya había pasado, no había más arrepentimiento, lo único que en ese corazón vivía, era el grato recuerdo de que alguna vez fue la persona más feliz del mundo, de que alguna vez lo amaron de una manera tan intensa que no hay palabras para describirlo. No más dolor, puro amor.
Se puso de pie y se encaminó hacia su auto para atender a aquella pequeñita. Su velocidad no era mayor a los 70 Km. / hr.
La muerte llega a sorprendernos cuando menos lo imaginamos, no avisa, nunca llama a la puerta, maleducada e impredecible simplemente arrasa con lo que más amamos, pero está en nosotros decidir si nos hundimos en la tristeza...o vivimos por ambos. Edward vivía por ambos, Bella vivía dentro de él. Ella seguiría viva mientras él así lo hiciera también.
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